Declaración de Wilderswil sobre la Diversidad del ganado

Martes 27 de noviembre de 2007 por LRAN

Declaración de la sociedad civil organizada por la CIP - Comité Internacional de Planificación de ONG/OSC para la Soberanía Alimentaria (con varios participantes de la Vía Campesina)

Wilderswil, Suiza, 6 de septiembre 2007

Nosotros, representantes de 30 organizaciones de pastores, pueblos indígenas, pequeños ganaderos y ONGs de 26 países tanto del Norte como del Sur, nos reunimos en Wilderswil en nuestro «Foro sobre la diversidad ganadera: en defensa de la soberanía alimentaria y los derechos de los ganaderos». Nos reunimos de forma paralela a la Conferencia Técnica Internacional de la FAO sobre Recursos Genéticos Animales que se celebró en Interlaken.

Estamos aquí para luchar por nuestros derechos como ganaderos. Somos conscientes de que sólo somos una pequeña parte de todas las organizaciones que existen en el mundo. Pero reconocemos que nuestra lucha es común a la de las organizaciones sociales de pastores nómadas, ganaderos, pueblos indígenas y pequeños ganaderos del Norte y del Sur. El objetivo principal de nuestro encuentro consiste en reforzar nuestro movimiento y profundizar nuestro análisis y colaboración.

La crisis mundial de la ganadería

El modelo industrial de producción ganadera está provocando la destrucción de nuestra diversidad animal y de nuestros propios medios de vida. Actualmente, el sistema industrial de cría y producción ganadera se está imponiendo como el modelo dominante en todo el planeta. Este modelo requiere grandes inversiones en tecnología y recibe subvenciones y ayudas que han desequilibrado el mercado. Esto ha provocado una concentración y una dependencia de la industria ganadera sin precedentes. Por ejemplo, existen tan sólo cuatro compañías dedicadas a la cría de aves que operan globalmente y dos de ellas controlan la mitad de la producción mundial de huevos. Aunque estas compañías son del Norte, este creciente mercado se está centrando cada vez más en el Sur, porque es allí donde más se está fomentando el consumo de productos animales industriales. El crecimiento de la producción industrial de ganado ya ha dado lugar a la destrucción de los medios de sustento de los pequeños ganaderos. Además, este modelo de producción presenta un peligro al basarse en un limitado repertorio genético, potenciado por el uso extendido de fármacos veterinarios. Sin embargo, este sistema arriesgado y de alto coste produce la mayor parte de los alimentos que consumimos: a escala mundial, la mitad de la producción de huevos, un tercio de la producción porcina, dos tercios de la producción láctea y tres cuartos de la producción avícola se producen bajo patrones de cría industrial.

Los avances de la producción ganadera industrial

El modelo industrial se nos impone a través de expropiaciones y embargos basados en sistemas de propiedad privada, políticas de sedentarización forzada y la alteración de las vías de trashumancia tradicionales, la liberalización de los mercados, agricultura por contrato, proyectos de desarrollo económico a gran escala como la minería (y sus consecuencias, como la privatización de los recursos hidrológicos por parte de multinacionales), planes de producción de agrocombustibles e incluso a través de políticas de protección medioambiental como parques naturales y áreas protegidas. En las últimas décadas, también se ha conseguido por la imposición de reglamentaciones comerciales que permiten la competencia desleal (dumping), destruyen los mercados locales y nos obligan a producir alimentos basados en el modelo industrial de exportación.

Las políticas de ajuste estructural y de privatización de la tierra, del agua y de los servicios veterinarios, así como el impulso de tecnologías patentadas, como la clonación y la modificación genética, son otras herramientas utilizadas para destruir nuestro modo de vida. Desgraciadamente, estas políticas han provocado un incremento de la competitividad por la apropiación de recursos naturales, que ha resultado en un aumento dramático del número de conflictos violentos, guerras y ocupaciones.

Este modelo de producción es perjudicial para la salud, tanto de los humanos como del ganado. Las estrategias de mercadeo se utilizan para crear cantidades ingentes e insanas de productos ganaderos para el consumo. Las medidas sanitarias que facilitan el comercio a escala mundial de productos ganaderos industriales están destruyendo nuestra producción local a pequeña escala. No podemos aceptar que la OMC dicte las reglas sanitarias y de higiene respondiendo solamente a la demanda de liberalización de los mercados. Los estándares de calidad y salubridad de los productos ganaderos deben responder a las necesidades de los consumidores y no a las necesidades de la industria.

Las consecuencias de la producción industrial ganadera

Podemos constatar las siguientes consecuencias en nuestras comunidades: pérdida de producciones pequeñas y familiares; bancarrota y suicidio de pequeños productores; dependencia económica, que incluye la importación de alimentos; destrucción del medio ambiente; barreras económicas que impiden a los jóvenes y a los nuevos pastores entrar en el sistema de producción; ruptura de relaciones sociales; políticas gubernamentales de investigación y cría orientadas hacia una alta productividad con una introducción indiscriminada de nuevas razas con la subsiguiente pérdida de nuestras razas autóctonas.

Hacia la soberanía alimentaria y los derechos colectivos

Afirmamos que no es posible conservar la diversidad animal sin proteger y reforzar las comunidades locales que la mantienen y la nutren hoy en día. Queremos una actividad ganadera a escala humana. Defendemos un modo de vida que está profundamente asociado a nuestra cultura y espiritualidad, y no enfocado únicamente a la producción. Estamos construyendo nuestras capacidades organizativas para contrarrestar la presión que ejerce el modelo industrial. Adoptamos el marco de la soberanía alimentaria, que ha sido creado por movimientos de campesinos/as y de otros que se enfrentan a problemas similares derivados de la agricultura industrial, y que está empezando a ser reconocido por muchos gobiernos. Continuaremos desarrollando enfoques y tecnologías de investigación que nos permitan ser autónomos y dar a los ganaderos y otros pequeños productores el control de los recursos genéticos y de la cría de ganado. Además, nos organizaremos para conservar nuestras razas únicas.

Nos comprometemos a luchar por nuestras tierras, territorios y pastos; nuestras rutas migratorias, incluyendo las transfronterizas; crearemos lazos con otros movimientos sociales con objetivos similares, y continuaremos trabajando por la solidaridad internacional. Lucharemos por los derechos de los ganaderos, que incluyen el derecho a la tierra, al agua, a los servicios veterinarios y a otros tipos de servicios, a la cultura, a la educación y formación, al acceso a mercados locales, al acceso a la información y toma de decisiones. Todos estos derechos son esenciales para crear sistemas de producción ganadera realmente sostenibles. Nos comprometemos a encontrar modos de compartir con pastores, indígenas, pequeños granjeros y ganaderos y otros productores de alimentos el acceso justo, aunque controlado, a la tierra y otros recursos.

La propiedad, el conocimiento y la innovación dentro de la comunidad suelen tener una naturaleza colectiva. Por lo tanto, el conocimiento y la biodiversidad locales sólo pueden ser protegidos y fomentados a través de los derechos colectivos. El conocimiento colectivo está estrechamente ligado a la identidad cultural, a ecosistemas particulares y a la biodiversidad, y no puede ser disociado de ninguno de estos tres aspectos. Cualquier definición o implementación de los derechos de los ganaderos debe tener esto muy en cuenta. Es evidente que los derechos de los ganaderos no son compatibles con los sistemas de derechos de propiedad intelectual, porque éstos últimos permiten un control de monopolio privado y exclusivo. No debe haber patentes u otras formas de derechos de propiedad intelectual sobre la biodiversidad y el conocimiento relacionado con ésta.

Los estados deben reconocer el derecho consuetudinario, los territorios, las tradiciones, las costumbres y las instituciones de las comunidades locales y grupos indígenas, lo cual constituye el reconocimiento a la autodeterminación y autonomía de estos pueblos. Los gobiernos deben aceptar y garantizar los derechos colectivos y el control de la comunidad sobre los recursos naturales, incluyendo los pastizales comunales y las vías pecuarias, el agua y las razas de ganado. Los gobiernos también deben comprometerse a crear una legislación internacional vinculante que obligue a los estados a garantizar el respeto a estas leyes.

Plan de Acción Global de la FAO

El informe de la FAO sobre La Situación de los Recursos Zoogenéticos Mundiales para la Alimentación y la Agricultura contiene un análisis sobre algunas de las principales causas de la destrucción de la biodiversidad de animales domésticos y del sustento de las comunidades locales que alimentan esta diversidad. Igualmente, el informe señala al sistema de ganadería industrial como uno de los mayores factores que provocan esta destrucción. Sin embargo, el Plan de Acción Global no contiene ninguna referencia a estas causas. Es totalmente inaceptable que los gobiernos acuerden un plan que no se enfrente a las políticas que causan esta pérdida de diversidad. Los gobiernos ni siquiera adquieren compromisos financieros sustanciales para aplicar su propio plan.

Las organizaciones sociales de pastores, granjeros y ganaderos no están interesadas en participar en un plan que ignora las principales causas de destrucción de la diversidad ganadera, y que sólo apoya débilmente a un sistema mundial de producción ganadera en decadencia. Debido a que el Plan de Acción Global no enfrenta la producción industrial ganadera, reforzamos nuestro compromiso para organizarnos, para preservar la diversidad ganadera y para contrarrestar las fuerzas negativas que nos amenazan. Sin embargo, estamos abiertos y dispuestos a participar en cualquier seguimiento que pudiera ser facilitado por la FAO .

Defender la diversidad ganadera no es una cuestión de genes, sino de derechos colectivos.


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