Bioenergía, ¿para quién?

Daniel Cassol (SEM TERRA)
Martes 1ro de mayo de 2007 por LRAN

Originalmente publicado en Argenpress 13/04/2007

Soberanía alimentaria, agricultura campesina e impactos ambientales son temas aún poco discutidos cuando se habla de biocombustibles: Los señales de que el capitalismo mundial tiene un proyecto estratégico para ganar la disputa por la agro energía son cada vez más claras

La discusión en torno a la producción de energía de forma limpia y renovable no es nueva, pero ganó carácter de urgencia en los últimos tiempos, principalmente después de la divulgación, a principios de febrero, del informe sobre el calentamiento global del Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos (IPCC, en las siglas en inglés). Frente a la alarma provocada, el mundo parece darse cuenta de que necesita cambiar su fuente energética, adoptando formas alternativas de producir la energía que consume.

Reunido en Francia, un grupo de científicos anunció que la temperatura de la Tierra puede aumentar hasta cuatro grados este siglo, debido al aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, principalmente a causa de los combustible fósiles*. Actualmente, la fuente energética mundial tiene la participación total del 80 % de fuentes de carbono fósil, siendo el 36 % de petróleo, 23 % de carbón y 21 % de gas natural.

Ultimamente, un nombre ha ganado importancia: biocombustible. La producción de energía para el uso en el transporte, a partir de la caña de azúcar o de las semillas oleaginosas, como la soja, aparece, literalmente, como la salvación de la agricultura. Y el héroe probable es Brasil, con cerca de 200 millones de hectáreas de área agrícola, de acuerdo con el Plan Nacional de Agro energía, lanzado en 2006 por el gobierno federal.

El principal argumento usado para apostar por los biocombustibles es que son fuentes renovables de energía, es decir, no se agotan como el petróleo, por ejemplo. Pero este escenario, ¿representa, de hecho, una salida para el colapso ambiental del planeta y una alternativa para la agricultura campesina, o supone un salvavidas para el agro negocio, que va a generar impactos ambientales tan graves como los combustibles fósiles? Es un debate para el cual hay poco espacio y pocas voces.

“Empresas y gobiernos están haciendo una intensa campaña para presentar los biocombustibles como alternativas para combatir el cambio climático, al sustituir parte del consumo de petróleo. Pero la lógica de fondo no es abandonar el petróleo ni cambiar los patrones de consumo que producen el calentamiento global, sino aprovechar la coyuntura para crear nuevas fuentes de negocios, promoviendo y subvencionando la producción industrial de cultivos para estos fines”, escribe Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC**, en un artículo para el periódico mexicano La Jornada. Ella recuerda que las empresas que producen semillas transgénicas, como Syngenta, Monsanto, Dupont, Dow, Bayer y Basf, tienen inversiones en la producción de biocombustibles, como el etanol y el biodiesel.

Lógica capitalista

Los señales de que el capitalismo mundial tiene un proyecto estratégico para ganar la disputa por la agro energía son cada vez más claras. El día 31 de enero, en el discurso sobre el Estado de la Nación en el Congreso de los Estados Unidos, el presidente Gerorge W. Bush anunció el objetivo de reducir el consumo de gasolina en un 20 % hasta el año 2007, produciendo 132,4 mil millones de litros de combustibles alternativos, principalmente el etanol, a partir del maíz. El tema de los biocombustibles también fue uno de los principales asuntos discutidos en el Forum Económico Mundial, celebrado en enero, en la ciudad de Davos (Suiza).

Los movimientos que se están haciendo los países ricos y las grandes multinacionales en torno del tema conduce a los analistas y a los movimientos sociales campesinos a mirar con aversión la entrada de países en desarrollo en la producción de biocombustibles. Los impactos ambientales generados con el aumento de los monocultivos, la explotación de campesinos y trabajadores rurales y la amenaza de la producción de alimentos están en la lista de las preocupaciones. En Brasil, “la apuesta del agro negocio está en la caña de azúcar y la soja transgénicas”, está claro.

“No hay un programa de gobierno con líneas, criterios y directrices establecidas en el aspecto productivo que apunten hacia un nuevo modelo agrícola. Además, el programa del biodiesel se está entregando a un grupo de empresas privadas que quieren comprar grano del agricultor, sin ningún valor añadido para las comunidades rurales. Y están estimulando de nuevo los monocultivos” critica Frei Sérgio Görgen, dirigente de Vía Campesina en Brasil, entidad que agrupa movimientos sociales de todo el mundo, como el MST y e Movimiento de los Pequeños Agricultores (MPA).

Deacuerdo con el Programa Nacional de Producción y Uso del Biodiesel, del gobierno federal, Brasil va a hacer obligatorio – a partir del 2008 – añadir un 2% de aceite diesel vegetal en el aceite diesel del petróleo, porcentaje que pasará al 5 % en el 2013. Si el mercado del biodiesel con un 2 % es de mil millones de litros por año, con un 5 % esta demanda crece hasta los 2,7 mil millones de litros por año. Las vedetes de gobierno brasileño son la soja, vista como una tabla de salvación más para los grandes productores de semillas transgénicas, y la semilla de ricino, que teóricamente beneficiarían la agricultura familiar.

En relación al etanol Brasil priorizará una vez más la producción de caña de azúcar. La estimación es que la producción aumente en un 50 % en relación a las actuales 460 toneladas de caña deacuerdo con la Unión de la Agroindustria Cañavera de São Paulo (Unica).

¿Un nuevo Pro-Alcohol?

Resumiendo, frente a una posibilidad real de cambiar el modelo de producción agrícola, Brasil entra en la producción de biocombustibles reforzando prácticas insostenibles desde el punto de vista ambiental y social, beneficiando grandes empresas y llevando a los pequeños agricultores a caer en trampas ya conocidas, además de perjudicar la producción de alimentos para el consumo interno.

“Hay el riesgo de repetir el Pro-Alcohol del Brasil. Usted tiene un combustible limpio, producido de manera sucia, además de ambientalmente insostenible en el proceso de producción y socialmente perverso en la manera como utiliza mano de obra y trata a los trabajadores” evalúa Frei Sérgio. Creado en la década del 1970, el Programa Nacional del Alcohol incentiva pequeños y medios productores a instalar destilerías de alcohol. Por razones políticas, como la prohibición del autoconsumo del alcohol como combustible, el Pro-Alcohol benefició sólo a los grandes fabricantes, con sus prácticas de trabajo esclavo en los cultivos de caña y considerables impactos ambientales.

Casi 30 años después, aparecen los mismos riesgos. La industria de la caña se anima con la posibilidad de apertura del mercado para el etanol brasileño en los Estados Unidos. Por su parte, el propio presidente Luiz Inácio Lula da Silva anuncia que “la buena soja se la coma la gente, y de la soja transgénica se haga biodiesel”, señalando la prioridad que se está dando a los grandes productores y multinacionales del grano. Igual que la creación del H-Bio, un derivado del aceite vegetal y el petróleo desarrollado por la Petrobras, es visto como una forma de favorecer el agro negocio mundial y la industria petrolífera.

Según la evaluación realizada por el gobierno federal, la creación del Sello del Combustible Social será una manera de salvaguardar la agricultura familiar. El programa prevé incentivos para las industrias que adquieran semillas oleaginosas producidas por pequeños agricultores. “Nosotros hemos visto a los agricultores interesados en volver al cultivo del algodón, el girasol, el cacahuete , el sésamo y otras oleaginosas. De esta manera los agricultores no caerán en la trampa del monocultivo. Si el gobierno hubiese lanzado un programa de biodiesel sin este incentivo para la agricultura familiar, ciertamente sería producido únicamente de soja , que es la gran oleaginosa brasileña” evalúa el gerente ejecutivo del Desarrollo energético de la Petrobras, Mozart Schmitt de Queiroz. No obstante, también los proyectos alineados en el Combustible Social presentan problemas, principalmente por apostar por el monocultivo de la semilla de ricino en las Regiones Sur y Nordeste del país, y en la compra directa de granos de los agricultores, colocándolos en un sistema de integración con las grandes empresas, como pasa en las cadenas de tabaco y de leche, en las que son frecuentes los casos de explotación económica a la que están sometidos los pequeños agricultores.

Diversificar la producción

Mientras tanto, las organizaciones de agricultores campesinos ven la entrada en los biocombustibles con un alto grado de desconfianza, pero también con la certeza de que es en este campo donde se llevará a cabo una batalla estratégica entre dos modelos de producción antagónicos. Para organizaciones como Via Campesina, existen algunos requisitos básicos para que los campesinos entren en la producción de biocombustibles sin caer en trampas; priorizar la producción de alimentos, consorciar la producción de energía con otros cultivos y evitar sistemas de integración con grandes empresas, participando del mayor número posibles de etapas en la cadena de producción.

“La pequeña propiedad de economía familiar no puede viabilizar su sustento en el modelo del monocultivo. La gran viabilidad de las pequeñas propiedades es el sistema de producción diversificada, pasando hacia un modelo agro ecológico. Es fundamental construir sistemas que puedan producir biocombustible y alimentos. Aquí entra la importancia del buen aprovechamiento de los residuos de la extracción de los aceites. Con esto, las pequeñas propiedades podrán aumentar la producción de huevos, leche, carne, viabilizando aún más los sistemas de producción en las economías familiares”, explica el ingeniero agrónomo Alexandre Borscheid, que actúa en la Cooperbio***, una cooperativa de biodiesel formada por agricultores vinculados a Vía Campesina en Rio Grande del Sur.

Es en este sentido que andan algunos de los proyectos constituidos por las organizaciones de Vía Campesina en Brasil. El biodiesel podrá ser producido a partir de múltiples semillas. Como el girasol, el cacahuete y el tallo del maíz, cuyos residuos serán utilizados en la alimentación animal o en el abono orgánico. Cooperativas de pequeños agricultores podrán construir sus propias unidades de prensado, para vender el aceite a las empresas, quedándose con los residuos de las oleaginosas. “La conclusión a la que estamos llegando es que la base tienen que ser las oleaginosas perennes, para el agricultor campesino. En una pequeña área, él tendrá una gran producción”, explica Frei Sérgio, citando el uso de árboles como el “pinhão-manso” (Jatropha curcas) y el “tungue” (Aleurites molucanna), en la Región Sur, y el aceite de palmera, en la Región Norte. En el caso del alcohol combustible, la caña de azúcar puede estar acompañada de la mandioca y del boniato, por ejemplo. De la misma manera como en la producción de biodiesel, la intención es hacer una asociación con la producción de alimentos y vender productos con valor añadido a las industrias.

Transnacionales X campesinos

“Los sistemas campesinos de producción son los más adecuados, porque conseguirían garantizar una combinación muy buena entre producción de alimento y energía, además de garantizar sistemas de poli cultivos, con productos de valor añadido que darían sostenibilidad a las unidades de producción campesina. Los grandes monocultivos no serán eficientes con girasol, semilla de ricino, cacahuete, “pinhão-manso”, es decir, no conseguirán ser tan eficientes con las oleaginosas que tienen un mayor porcentaje de aceite. Ellas se adaptan mejor a los sistemas campesinos. Y la agricultura campesina tiene mejores condiciones para resolver la ecuación entre la producción de energía y la producción de alimentos”, analiza Frei Sérgio.En opinión del dirigente de Vía Campesina, la Petrobras es uno de los pocos canales dentro del gobierno federal que abre camino hacia la inserción soberana de la agricultura campesina en la producción del biodiesel.

Mozart Queiroz, de la Petrobrás, explica que la empresa decidió adquirir el aceite de los agricultores y no las semillas. “De esta manera, estamos incentivando las cooperativas para que monten sus unidades de prensa. Con esto, la agricultura familiar podrá tener un producto más y agregar un valor añadido a su organización, al administrar este producto que podrá ser transformado en leche, huevos, carne. Estamos trabajando para compartir el beneficio de la industrialización, para que el agricultor participe de la cadena productiva, en la etapa de la industrialización, por lo menos en la fase del prensado.Al mismo tiempo, estamos incentivando el cultivo de varias oleaginosas, para evitar el monocultivo” dice.

Según el agrónomo Alexander Borscheid, la batalla por el mercado y por el modelo de producción de los biocombustibles ya empezó y, tal como está en estos momentos, el campo está limpio para el avance de las trasnacionales del agro negocio.”Si no hay una intervención del Estado que priorice las políticas para la agricultura campesina, la tendencia es que las transnacionales ocupen ese mercado, que es extremadamente prometedor económicamente. Ellas se van a echar encima de las áreas agrícolas y van a dejar a la agricultura familiar en una difícil situación. Los agricultores tienen que poder producir con autonomía, con proyectos propios, donde se pueda garantizar la producción de energía líquida preservando los sistemas de producción de alimento”, evalúa.

El gerente ejecutivo de la Petrobrás reconoce estos riesgos de la carrera desenfrenada para la producción de biocombustibles, tanto en los impactos ambientales generados por los monocultivos, como en el prejuicio a la soberanía alimentaria y en el aumento de la explotación económica sobre los pequeños agricultores. Para él, antes de discutir estas cuestiones, la humanidad necesita repensar su patrón de consumo energético.”Aunque toda la superficie de la Tierra fuese utilizada para producir biocombustibles, no conseguiría mantener el nivel que hoy en día el Planeta consume de combustibles fósiles. Está claro que es urgente repensar la fuente energética mundial”, concluye.

Bio(agro)combustibles

En el Forum de Soberanía Alimentaria, celebrado a finales de febrero en Malí, en Africa, Vía Campesina Internacional decidió que el término “biocombustible” debe ser sustituido por ”agro combustible”. La organización social evalúa que el incentivo a ese tipo de combustible ha conducido a políticas de crecimiento de los monocultivos (y no de la pequeña producción diversificada), amenazando los campesinos y la soberanía alimentaria. Como “bio” significa “vida”, lo contrario de lo que en la práctica se verifica hoy en día, la entidad pasó a adoptar el término “agro combustible”. Via Campesina Internacional, de la cual el MST forma parte, reúne movimientos sociales rurales de todo el mundo.

Notas

* Combustibles fósiles: Existen tres grandes tipos de combustibles fósiles: el carbón, el petróleo y el gas natural. Ellos se formaron hace millones de años y son e resultado de un proceso de descomposición de plantas y animales.

** Grupo ETC: Grupo internacional que trabaja con organizaciones sociales suministrando análisis e informaciones sobre tecnologías de desarrollo sostenible.

*** Cooperbio: La cooperativa está formada por cerca de 25 mil familias de 62 municipios de la región noroeste del estado, produciendo 400 mil litros de biocombustible al día.


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