Tierra y crisis mundial de alimentos

Peter Rosset
Martes 5 de marzo de 2013 por LRAN

En el mundo de hoy nos encontramos inmersos en una crisis de precios de alimentos a nivel global que ha acentuado el hambre en todos los continentes.

Parece difícil encontrarnos en una crisis de altos precios de alimentos, cuando en los últimos veinte a treinta años ha existido una crisis de precios bajos en los cultivos. Los precios han sido tan lentos que millones de campesinos alrededor del mundo fueron sacados fuera de sus tierras generando corrientes de migrantes nacionales e internacionales. Para enfrentar a esta cruda realidad, La Via Campesina, la alianza internacional de campesinos y familias de agricultores, poblaciones indígenas, campesinos sin tierras, mujeres y jóvenes rurales, desarrolló una propuesta alternativa integral para reestructurar la producción de alimentos y el consumo a nivel local, nacional y global, llamada “Soberanía Alimentaria” (Rosset, 2006). La soberanía alimentaria se basa directamente en la base de la tierra en las manos de familias de campesinos productores de alimentos, en vez de en mano de los agros negocios que producen para exportación.

Bajo Soberanía alimentaria, y en contraste con las propuestas “one size fits all” o de ajuste universal, literalmente “un tamaño encaja para todos” de la Organización Mundial de Comercio (OMC), cada país y personas tiene el derecho a establecer sus propias políticas en cuanto al sistema alimentario y agrícola, siempre y cuando esas políticas no dañen a tercer países. La soberanía alimentaria permitirá a los países proteger sus mercados domésticos frente a las fuerzas de la agro exportación que generan dumping en los precios de comestibles por debajo de los costos de producción. Estas prácticas de dumping han sido un factor principal que ha llevado a campesinos locales fuera del negocio (Rosset, 2006). Pero ahora que nos hemos movilizado de un periodo de precios artificialmente bajos a un periodo de precios altos y más volátiles, ¿la soberanía alimentaria aún tiene sentido? Si examinamos las causas de la crisis actual, que parecen ser no tan diferentes a la otra crisis, muestra que si tiene sentido. La soberanía alimentaria puede ofrecer muy bien nuestra única forma para salir del actual acertijo.

Repentina volatilidad de precios de alimentos

En el mercado global, luego de una tendencia de 25 años de precios bajos y estables, las commodities de agricultura empezaron a subir ligeramente entre el 2004 y 2005, seguidos por una aceleración entre finales de 2007 y el verano de 2008. Los precios del arroz a nivel mundial se triplicaron en el 2008, los precios del trigo más que duplicaron, y los precios del maíz también casi duplicaron (véase Figura 1).

Las ganancias por altos precios fueron captadas en su mayoría por corporaciones y por campesinos/agricultores (Wise y Harvie, 2009). Y luego de las dramáticas huelgas, los precios del arroz y del trigo cayeron un 55% a finales del 2008 y el maíz cayó 64%. En enero 2009 los precios del arroz empezaron a incrementar nuevamente. Cuando los precios saltaron, se nos dijo que el mundo estaba experimentando una nueva crisis y que los precios de los alimentos, como los precios del petróleo conocido como “peak oil,” se mantendrían por siempre altos. Pero los precios empezaron nuevamente a caer (a pesar de que los analistas predijeron que iban a aumentar nuevamente [1] )

El punto clave es que hemos aparentemente entrado en una nueva era de precios de commodities más volátiles, y salvajemente fluctuantes. Por ejemplo, The New York Times reportó en Abril 2008 que los campesinos en EEUU estaban experimentando – y esperaban continuar enfrentando- cambios mensuales en el precio del maíz, trigo y soya, mucho más frecuentes de los normalmente observados.
¿Cuáles son las causas de estos aumentos extremos en los precios de los alimentos? [2]

Existen causas de largo y corto plazo. Entre las primeras a largo plazo está el declive en el acceso de tierra para los campesinos y las familias productoras. Este es el resultado cumulativo del acaparamiento de tierra realizado por el gobierno para los intereses de los agro negocios, y tres décadas de recortes de presupuesto neoliberal, la privatización y acuerdos de libre comercio. En la mayoría de los países alrededor del mundo, la capacidad de producción de alimentos a nivel nacional ha sido sistemáticamente desmantelada y reemplazada por una capacidad en aumento para producir agro-exportación, estimulada por los enormes subsidios gubernamentales para el sector empresarial, usando el dinero de impuestos y de donantes (Rosset, 2006).

Son los campesinos y las familias de agricultores quienes alimentan a las poblaciones en el mundo, en su gran mayoría. Los grandes productores de agro negocio por otro lado, en casi cada país tienen una vocación de exportación, en busca de mercados más rentables. Pero las decisiones políticas han destruido el antiguo sistema de acceso a tierra, las garantías de precios mínimos, los marketing boards, créditos, la asistencia técnica, y sobre todo, los mercados para su producción. Los mercados locales y nacionales fueron primero inundados por importaciones baratas y ahora cuando las corporaciones internacionales han capturado la mayor parte de las acciones de mercado, los precios de las importaciones han aumentado drásticamente para los países que dependen de ellas. (Rosset, 2006).

Mientras tanto el Banco Mundial y el FMI forzaron a los gobiernos a liquidar su reservas de granos del sector público (Rosset, 2006). El resultado es que el mundo está enfrentando uno de los más ajustados márgenes en la historia actual entre las reservas de alimentos y la demanda, lo que genera tanto el aumento de precios y una gran volatilidad del mercado. En otras palabras, muchos países ya no tienen suficiente capacidad productora. Ahora dependen de las importaciones, cuyos precios están fluctuando salvajemente.

Otra causa a largo plazo de la crisis, aunque de menor importancia, han sido los cambios en los patrones de consumo de alimento en algunas partes del mundo, como la preferencia por el consumo de carne y aves de corral (Ray, 2008). Tales tendencias han aumentado la demanda de tierra para producir granos para alimentarlos y ha modificado las tierras de cultivo por tierras para uso pecuario.

Entre las causas a corto plazo de la crisis, la más importante ha sido la entrada relativamente repentina de capital financiero especulativo en los mercados de alimentos. Compensaciones índices y fondos de riesgo han invertido fuertemente en los mercados a futuro de commodities como granos y otros productos alimenticios. Con el colapso del mercado hipotecario en los EEUU, su ya desesperada búsqueda por nuevos caminos de inversión los llevó a descubrir estos mercados para los contratos a futuro. Atraídos por la volatilidad de los precios altos en cualquier mercado, porque toman sus ganancias tanto de los aumentos de precios y las caídas de precios, los financieros apuestan como jugadores en un casino. Apuestan en este caso, con el alimento de las personas comunes y corrientes. Estos fondos han inyectado ya un adicional de 70 mil millones de dólares de inversión extra en las commodities, inflando la burbuja de precio que ha empujado a su vez el costo de los productos básicos más allá del alcance de los pobres en un país tras otro. Y cuando la burbuja inevitablemente reviente, eliminará a millones de productores de alimentos en todo el mundo.

Quizás más importante aún, cuando el agronegocio y las corporaciones extranjeras controlen suministros críticos de alimentos, los consumidores y naciones enteras estarán a su merced. Ellos pueden acumular alimentos, crear cortes artificiales, y tomar ganancias especulativas en precios en alza, por ende; deslegitimizar a gobiernos que no son amigables con sus intereses. Su comportamiento en tiempos de crisis es el exactamente opuesto al sector público. Mientras que los gobiernos liberan alimentos de reservas públicas para evitar los efectos de una crisis, los comerciantes privados tienden desde tiempos bíblicos, a mantener sus reservas fuera del mercado para obtener precios más altos, multiplicando el sufrimiento de la población en épocas de crisis. Hemos visto esta tendencia de corporaciones transnacionales y el sector privado de acaparar alimentos escasos para especular en sus precios, en el caso de una llamada “crisis de tortilla” en México en 2007 (Hernández Navarro, 2007).

Otro factor importante a corto plazo es el boom de los agro combustibles. Las cosechas de agro combustible compiten con los cultivos de alimentos y pastos de ganado. En las Filipinas, por ejemplo, el gobierno ha firmado acuerdos que comprometen un área a ser plantada con agro-combustibles que es equivalente a la mitad del área plantada para arroz, el producto básico de la dieta del país. Alimentar automóviles en vez de personas debería ser condenado como un crimen contra la humanidad.

Los incrementos del precios a nivel global en los costos de los insumos químicos para la agricultura convencional es un resultado directo del incremento en el alza del petróleo, y este es también otro factor principal a corto plazo. Otros factores recientes incluyen sequias y otros eventos climatológicos en un numero de regiones que han reducido la cosecha de forma significativa para explicar las alzas de los precios.

Soberanía alimentaria: la única forma para salir de la crisis

Frente a este panorama global y todas sus implicancias, ¿cómo es que los países pueden mantener precios justos para los productores de cultivos, y asegurar a la vez seguridad de alimentos a nivel nacional y costos estables de alimentos para sus trabajadores? Existe solo una propuesta de alternativa que puede solucionar ese reto. Bajo el paradigma de la soberanía alimentaria, los movimientos sociales y un número en aumento de gobiernos progresivos y semi progresivos proponen que se pueden re-regular los mercados de los commodities de alimentos que fueron de-regulados bajo el neoliberalismo. Y regularlos mejor que antes que fueran de regulados, con una gestión de suministro genuina, haciendo posible establecer precios que son justos tanto para el campesino y consumidor, como se enlista en la casilla 1 (Rosset, 2006).

Esto necesariamente significaría regresar a la protección de la producción de alimentos nacional, tanto contra el dumping de comida artificialmente barata que perjudica a los campesinos locales y contra las importaciones artificialmente caras de alimentos que enfrentamos en la actualidad. Significaría reconstruir reservas de granos nacionales y marketing boards para estatales, en versiones nuevas y renovadas que activamente incluyan organizaciones de campesinos como dueños y administradores de reservas públicas. Estos son pasos claves hacia recapturar nuestro sistema de alimentos de las manos de las Transnacionales que acaparan las reservas de alimentos para mantener los precios altos (Rosset, 2006).

Los países urgentemente necesitan estimular la recuperación de su capacidad de producción de alimentos nacionales, específicamente esa capacidad ubicada en los campesinos y familias de agricultores. Esto significa que los presupuestos del sector público, los precios suelo, créditos y otras formas de apoyo y una genuina reforma agraria. La reforma agraria es urgentemente necesaria en muchos países para reconstruir el sector de campesino y agricultores cuya vocación es cultivar alimentos para las personas mientras que las grandes fincas y los agronegocios parece que sólo produjeran para carros y exportación (Rosset et al., 2006). Muchos países necesitan implementar controles de exportación, como ya lo han hecho algunos países en los últimos años para detener la exportación de alimentos desesperadamente necesitada por sus poblaciones.

Finalmente, debemos cambiar las practicas dominantes de tecnología en la agricultura, hacia una agricultura basada en principios agroecológicos, que sea sostenible, y que se base en el respeto para y en el equilibrio con la naturaleza, cultura local y conocimiento tradicional agrícola (Altieri, 2008). Ha sido científicamente comprobado que los sistemas de agricultura ecológica pueden ser más productivos, pueden resistir mejor las sequias y otras manifestaciones de cambio climático y son económicamente sostenibles porque usan menos combustible fósil. No podemos seguir pagando el lujo de comida cuyo precio esta relacionado con el precio del petróleo (véase Schill, 2008), mucho menos cuyo modelo de producción de monocultivo industrial- con una excesiva extracción de agua, uso de pesticidas y transgénicos- daña la capacidad de producción a futuro de nuestras tierras.

Todas estas recomendaciones, que se dirigen a cada una de las causas principales de la crisis, son parte de la propuesta de soberanía alimentaria
(Rosset, 2006; La Vía Campesina, 2008). Parece que ha llegado el tiempo para La Via Campesina y para la Soberanía Alimentaria. No hay otra solución real para alimentar al mundo y depende de cada uno de nosotros ayudar a dar fuerza a los cambios en las políticas públicas internacionales y nacionales que son tan urgentemente necesarias.

Otras lecturas

“Food Sovereignty: Global Rallying Cry of Farmer Movements” Food First Backgrounder Vol. 9 no. 4 http://www.foodfirst.org/pubs/backgrdrs/2003/f03v9n4.pdf

Literatura Citada

Altieri, Miguel A. 2008. Small farms as a planetary ecological asset: Five key reasons why we should support the revitalization of small farms in the global South. Accessed on July 29, 2008, at http://www.landaction.org/spip/spip.php?article315.

Berthelot, Jacques, 2008, “Summary of Critical analysis of the causes of the explosion in world agricultural prices”. Accessed on July 29, 2008, at http://www.landaction.org/spip/spip.php?article316.

Genetic Resources Action International (GRAIN), 2008, “Getting out of the food crisis”. Accessed on July 29, 2008, at http://www.landaction.org/spip/spip.php?article321.

Hernández Navarro, Luis, 2007, “Cargill: ‘el maíz de sus tortillas’”. La Jornada (Mexico), January 30, 2007. Accessed on July 29, 2008, at: http://www.jornada.unam.mx/2007/01/30/index.php?section=opinion&article=021a1pol

La Via Campesina, 2008, “An answer to the global food crisis: Peasants and small farmers can feed the world”. Accessed on July 29, 2008, at http://www.landaction.org/spip/spip.php?article317.

Ray, Daryll E., 2008, “Data show that China’s more meat-based diet is NOT the cause of ballooned international corn prices?” Agricultural Policy Analysis Center, University of Tennessee.

Rosset, Peter M., 2006, Food is Different: Why We Must Get the WTO Out of Agriculture. London: Zed Books.

Rosset, Peter, Raj Patel, and Michael Courville (eds), 2006, Promised Land: Competing Visions of Agrarian Reform. Oakland: Food First Books.

Schill, Susanne Retka, 2008, “Perfect storm for fertilizer prices”. Ethanol Producer Magazine, June 2008, online edition. Accessed on July 29, 2008, at http://www.ethanolproducer.com/issue.jsp?issue_id=84.

Shattuck, Annie, 2008, “The Agrofuels Trojan Horse: Biotechnology and the Corporate Domination of Agriculture”. Institute for Food and Development Policy, Policy Brief no. 14. Accessed on July 29, 2008, at http://www.foodfirst.org/en/node/2111.

Wise Timothy A. and Harvie, Alicia “Boom for Whom? Family Farmers Saw Lower On-Farm Income Despite High Prices,” Tufts University, Global Development and Environment Institute, policy brief no. 09-02 (February 2009).

[1Javier Blas, “Commodity Prices Forecast to Rise Again,” Financial Times, Marzo 2, 2009.

[2Las afirmaciones en esta sección que no incluyen citas bibliográficas provienen de: Berthelot, 2008; La Vía Campesina, 2008; GRAIN, 2008.


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