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Sojización y Biocombustibles: cerrando el círculo de la dominación neocolonial

Por Alberto J. Lapolla, Ingeniero Agrónomo genetista

Miércoles 18 de abril de 2007, por LRAN

‘Amigos, sólo se trata de hacer negocios. Porque pobres van a seguir existiendo y de
ellos se tendrán que ocupar las ONG”

Ing. Agr. Héctor Monsy Huergo, Director de Clarín Rural en Expoagro

‘... Si se trata de ganar plata con la tierra, sembremos marihuana (coca, opio...), esa
sería “la opción más rentable” (para el mercado), pero evidentemente esto es moralmente rechazado (y militarmente combatido). ¿Porqué, en cambio, no rechazamos moralmente sembrar maíz para producir etanol si eso significa que quebramos la ecuación alimentaria y la ecuación energética de los pueblos pobres del mundo?...’

Ing. Enrique Martínez, Director del INTI

Después de mi el desierto... Casi como una reacción desesperada de una hidra
malherida, acorralada por los pueblos y por una realidad mundial, que no sólo no puede controlar, sino que le es cada día más hostil, y es particularmente antinorteamericana a largo plazo, el pool petrolero adueñado de la Casa Blanca, desde el golpe legal del 2000, consolidado por el autoatentado de las Torres Gemelas, acaba de buscar una salida desesperada a la crisis del petróleo, a la del dólar y a la emergencia de un nuevo bloque de poder mundial expresado en las posiciones autónomas de China, Irán, la Revolución Venezolana, la revolución Boliviana, Ecuador, el crecimiento de la India, Brasil y la nueva actitud más autónoma del gobierno de la nueva oligarquía rusa expresada por Vladimir Putin, que descubrió que después de Irán les tocaba a ellos...

En el 2000 el sector nazi-petrolero-religioso del poder norteamericano impidió a toda
costa la llegada de Al Gore a la Casa Blanca imposibilitando que los EE.UU., adhirieran
al Protocolo de Kyoto, situación que comenzaría a limitar y recortar el poder omnímodo
de las petroleras y del sector energético privatizado, por sobre la marcha de la
economía global y sobre sociedad yanqui. Ahora luego del catastrófico fracaso en Irak,
la consolidación del liderazgo de la Revolución Bolivariana, las resoluciones de la UE a
favor de la disminución del uso energético, la derrota por paliza en las elecciones
parlamentarias sufrida por el preverbal empleado que ocupa en su nombre la Casa Blanca,
y la marcha del mundo a una clara restricción en el uso de los combustibles fósiles, las
petroleras decidieron contraatacar con una jugada astuta, desesperada, inviable y como
todas las medidas del capitalismo senil, autodestructiva del planeta.

La propuesta de
destinar la alimentación de la humanidad para producir combustibles, para que la
sociedad norteamericana no deba afectar en lo más mínimo su standard de consumo, como
reclama el Protocolo de Kyoto, se inscribe en las mismas miradas catastrosfistas del
Club de Roma, la Trilateral Comission, el Consenso de Washington y las voces de algunos
gurúes ambientales que auguran una población mundial de 500 millones de personas para el
año 2050. Es decir, el viejo anhelo de la ologarquía financiera mundial desde siempre,
pero en particular, desde el 1º de Mayo de 1945, cuando su plan de contención
contrarrevolucionaria hitleriana concluyera exactamente al revés: reducir drásticamente
la población del Tercer Mundo. Resolver el problema de un mundo que les es cada vez más
hostil, suprimiendo a los hostiles, es decir a los pobres. Nadie duda que, si las
tierras fértiles y cultivables del mundo (sólo Brasil gobernada por el ‘progresista’
Lula piensa deforestar 60 millones de hectáreas, es decir destruir la Amazonia y lo que
queda del Pantanal para producir etanol y biodiesel; Malasia ya perdió el 87% de sus
bosques tropicales para cultivar Palma, para hacer biodiesel)(1) deben ser destinadas a
producir etanol o biodiesel para que la parte pudiente de la sociedad norteamericana
(también los pocos beneficiados por la sojización en la Argentina) pueda seguir
dilapidando combustible en sus 4x4.

También continuarán dilapidando energía en su
sociedad enferma y autoaniquilante (el cereal necesario para llenar un tanque de una 4x4
permitiría alimentar a una persona todo un año)(2), nadie puede dudar insistimos, que si
tamaño disparate económico y ecológico se llevara adelante, el resultado sería la muerte
por hambre de un sector de entre un tercio y un medio de la población mundial, esa que
hoy ya pasa o esta cerca del hambre. Es decir entre 2.000 y 3.000 millones de seres
humanos. Además como muy bien señalara el comandante Fidel Castro Ruz, difícilmente
quedara algún árbol sobre el planeta.(3), la desertificación, la desaparición del agua
dulce, y la extinción masiva de especies, se difundiría por el planeta. El capitalismo
de las corporaciones multinacionales podría reemplazar aquella frase que dice ‘después
de mi el diluvio’, por otra aun más siniestra: después de mi el desierto...

Cerrando el círculo

En el caso particular de nuestro país -y de gran parte de Sudamérica- depredada por el
monocultivo sojero-transgénico-forrajero, la producción de agrocombustibles, cerraría el
círculo abierto en el largo ciclo 1976-2001, que nos devolviera al estado neocolonial
que aun hoy transitamos. Continuarían siendo los precios internacionales, las decisiones
de las corporaciones cerealeras, alimenticias, petroleras, de la industria de
agrotóxicos y farmacéuticas-biotecnológicas, las que decidieran nuestra política
agroalimentaria, estructural y por lo tanto quienes diseñaran nuestra economía política
nacional por décadas. La brutal frase expresada por el Ing Héctor Huergo, con que
abrimos esta reflexión (que parafrasea, seguramente de manera freudiana aquella otra
famosa de Carlitos el Infame: ‘Pobres hubo siempre..’), que nos habla de gente que vive
en una Argentina anterior a la rebelión popular de diciembre de 2001, no sólo nos
muestra cuanto puede crecer la perversidad de un ser humano, que treinta años atrás
hablaba en nombre de los ‘pobres del mundo’ y la ‘Revolución mundial’, al calor de un
buen puñado de dólares provistos por Monsanto y Kissinger; sino que desnuda el
pensamiento siempre renacido de una burguesía argentina por siempre colonial, como ya
denunciaran Moreno, Castelli y San Martín. Huergo vuelve a expresar el mismo
pensamiento de Rivadavia, Mitre, Sarmiento, Roca, Pinedo, Martínez de Hoz y Cavallo:
‘producir materias primas para el mercado mundial y comprar lo que necesitamos fuera del
país’.

Se justifica así que todo nuestro ecosistema pampeano -y extrapampeano- el mejor
dotado del mundo para producir alimentos, se dedique primero, a producir forraje barato
para China, la UE, Canadá y otros países que destinan su economía a industrializarse,
dejando que otras naciones de economía dominada, produzcan forrajes baratos (pasto
soja), para así ellos producir carne con que alimentar a su población y exportar a los
crecientes mercados asiáticos, donde habita la mitad de la población mundial. Población
que, en su emergente desarrrollo desafía –seguramente de manera mortal- al poder
norteamericano, por lo cual éste diseña políticas para exterminarla. Huergo no es
cualquiera, es uno de los mayores difusores de la sojización en la Argentina, expresando
a veces pensamientos reñidos con el más elemental saber agronómico (‘lo mejor que se
puede hacer con un monte degrado es transformarlo en leña, carbón y durmientes’, expresó
alguna vez, el experto Huergo) dichos como un saber único, de verdad inapelable, sin
posibilidad de debate, con la descalificación como método permanente de confrontar
ideas. Las inundaciones de Santa Fe, ‘no es culpa de los políticos(...) ni del aumento
de la siembra aquí y en Brasil, y otras sandeces que se escuchan por diestra y
siniestra.’(5) Como quien esto escribe, es uno de los difusores de dicha ‘sandez’, me
tomo el atrevimiento de proponerle al Ing. Huergo que tome algún curso de Ecología –aun
breve y de nivel medio- para entender de qué se trata un Ecosistema, o saber qué es una
Cuenca, y comprender por supuesto que las inundaciones de Santa Fe, las de Salta,
Tucumán y las que vendrán, tienen relación directa con la expansión desmedida de la
Siembra Directa, el monocultivo de soja RR y el desmonte casi total de toda la Cuenca
del Paraná.

No sorprende entonces que Huergo, y sus demiurgos de la ‘Argentina verde y
competitiva’ (Héctor Ordóñez dixit), contraparte de la Argentina Industrial,
Teconólogica y Científica, también inclusiva, con pleno empleo, alta distribución de la
riqueza, socialmente estructurada, moderna y progresiva existente entre 1945 y 1976, es
decir la Argentina Libre, Justa y Soberana, sea hoy uno de los mayores defensores de la
producción de biocombustibles en nuestro país, utilizando el mismo criterio de
pensamiento único y autoritario neoliberal. Huergo acaba de señalar con el mismo
autoritarismo ideológico de los ’90: los biocombustibles ‘no son buenos ni malos sino
inevitables’(4), es decir no hay discusión posible. ‘Lo decidió el mercado mundial’. No
importa que dicha producción transforme el alimento en combustible, reduciendo aun más
la oferta alimenticia, que por vía de la sojización, cada vez escasea más en nuestro
país (basta ver las góndolas vacías, por la especulación de precios monopolista primero,
pero también por la caída de varias ramas alimenticias por el destino de los suelos al
cultivo de pasto-soja). Si la sojización devastó la otrora histórica Soberanía
Alimentaria nacional, y está provocando una catástrofe ambiental apenas intervista, y
que probablemente le explotará al próximo gobierno, la combinación de sojización y
agrocombustibles destruirá toda posibilidad de reconstruir la Argentina Justa, libre y
Soberana, la Argentina industrial, y nos remachará en el modelo colonial agroexportador o productor de commodities.

‘¿Cien millones de Toneladas o un millón de productores agropecuarios?’(6)
Los llamados biocombustibles –hasta el nombre es político y mentiroso- buscan lavar la
cara de las multinacionales petroleras, permitiéndoles seguir controlando el mercado
mundial de combustibles, cosa que no podrían hacer en caso de que los verdaderos
combustibles no contaminantes, la energía solar, eólica o del agua -incluso la
proveniente del reciclado de residuos- se desarrollaran a escala planetaria. Dichas
energías son esencialmente descentralizadas y de acceso libre, quebrando el poder
mundial de las petroleras. Los agrocombustibles permitirían al pool energético y
petrolero de los Estados Unidos, quebrar el Protocolo de Kyoto, que seguramente firmará
un próximo gobierno demócrata, ya que los biocombustibles encierran la idea, de que la
sociedad norteamericana seguirá dilapidando la energía mundial y contaminando a piaccere
el planeta, sin afectar su enfermizo nivel de consumo, y su irracional sistema de uso de
energía. Por el contrario, la siniestra propuesta de Bush (a la que se suma el progre
Lula) es matar de hambre a la población pobre del mundo para, así ellos puedan seguir
quemando gas oil en sus 4x4 y en sus millones de vehículos.

Es tan descarada la
propuesta, que la UE, acaba de aprobar una resolución, por la cual acepta utilizar
biocombustibles, pero... no los producirá en su suelo,(7) ya que no permitirá que un
solo centímetro cuadrado del mismo pasible de ser cultivado, sea privado de producir
alimentos. La Soberanía Alimentaria es prioritaria para la UE desde 1973. Siendo así, la
UE resolvió producir biocombustibles pero... en los países del Tercer Mundo. (7)
La propuesta de los llamados biocombustibles no debe ser aceptada por nuestro país más
allá de pequeñas producciones, a costa de perder definitivamente nuestra independencia
económica y extremar hasta el hartazgo la catástrofe ambiental que se difunde vía la
sojización. Por el contrario se hace necesario discutir un plan de Desarrrollo Rural y
Nacional, que retome la idea de una Argentina para todos, industrial, inclusiva,
distributiva, democrática, participativa, ambiental y socialmente sustentable, donde no
existan los pobres, tal como conocimos en el pasado, aunque fuera por un breve período.
Eso implica salir pogresivamente del modelo de la sojización; recuperar y fomentar la
producción de escala familiar; remontar las producciones regionales; proteger lo poco
que queda del monte nativo (hoy amenazado desvergonzadamente por el Senado de Alí Baba);
reforestar; prohibir las fumigaciones masivas y descontroladas en tanto se reduzca el
área de sojización; depurar las áreas contaminadas con glifosato, 2-4-D, atrazina,
endosulfan y demás biocidas; aplicar medidas sanitarias de emergencia para proteger a la
población rural contaminada con agrotóxicos del cáncer y las malformaciones crecientes;
reducir y depurar el área de transgénicos; recuperar paulatinamente el sistema de
rotación agrícola-ganadera; Alentar y difundir el sistema de la agroecología; reordenar
por medio de impuestos, retenciones, créditos y subsidios la producción nacional.

Abandonar la sojización, recuperando una política de Soberanía Alimentaria,
repoblamiento del campo y redistribución de la tierra. Recientemente, en un encuentro
sobre el futuro de la agricultura, el Dr. Walter Pengue lanzó una hermosa propuesta que
hacemos nuestra: ¿porqué en lugar de 100 millones de toneladas de granos no nos
proponemos tener 1 millón de productores agropecuarios?(6), y no los 300.000 a que nos
redujo la sojización. Tal vez en ese debate encontremos un disparador de un nuevo
Proyecto Nacional, en lugar de resignarnos a que ‘pobres hubo siempre’ y que las
multinacionales -y Bush- nos decidan el modelo de país a tener.


NOTAS
1.- Altieri Miguel, conferencia en Buenos Aires 21-3-07

2.- Ribeiro Silvia, Agrocombustibles versus soberanía alimentaria, Rebelión.org, 03-07

3.- Castro Ruz Fidel, Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil
millones de personas en el mundo, 28-03-07

4.- Clarín, Cara y ceca de los biocombustibles, 10-4-2007

5.- Clarín Rural, pag 3, 14-4-07

6.- Pengue Walter, conferencia en Buenos Aires 21-3-07

7.- Altieri Miguel, conferencia en Buenos Aires 21-3-07