Posición ante las manifestaciones populares de los días 1 y 2 de septiembre de 2010

Sábado 18 de septiembre de 2010 por LRAN

¡NO A LA VIOLENCIA!

¡NO A LA REPRESIÓN!

¡SÍ A LA SOBERANÍA ALIMENTARIA!

El pasado 1 y 2 de septiembre, tuvieron lugar manifestaciones populares de gran violencia en algunos barrios populares de la ciudad de Maputo, capital de Mozambique, así como en la ciudad de Matola, situada en el cinturón industrial de Maputo. Parte de la población saqueó bienes públicos y privados, lo que provocó una violenta represión por parte de las fuerzas policiales que se saldó con la triste muerte por bala de al menos trece personas, entre ellas dos niños.

La UNAC, la Unión Nacional de Campesinos, condena tanto la represión ciega y el uso de fuerza letal por parte de las fuerzas del orden como la destrucción gratuita de inmuebles, vehículos, surtidores de gasolina y otros elementos, provocada por una parte de la población. Además, la UNAC lamenta profundamente la muerte de personas inocentes, que se encontraban en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Deseamos de todo corazón que, en un país que se autodenomina “estado de derecho”, un hecho semejante no vuelva a suceder NUNCA MÁS.

Uno de los motivos que han provocado estos levantamientos populares es la subida del precio del pan –casi simultanea con el incremento del precio de la energía eléctrica, del suministro de agua potable y de los combustibles –estos últimos ya habían registrado incrementos regulares en los últimos meses. La tensión del pueblo ya era palpable hace unos meses debido al aumento del coste de vida. Lamentamos que, una vez más, las autoridades no se percatasen de la gravedad de la situación hasta que tuvieron lugar las manifestaciones de la semana pasada.

Aunque Mozambique no sea un país productor de trigo, el pan se ha convertido en un alimento cuotidiano básico para miles de familias urbanas mozambiqueñas. Todos sabemos que el trigo, junto con otros bienes alimentarios, cotiza en los mercados mundiales, lo que le convierte en un bien de valor altamente volátil y sujeto a la especulación, a merced de los altibajos de los mercados. En el caso actual, el aumento del precio del trigo a nivel mundial podría deberse, entre otros motivos, a la interrupción de su abastecimiento por parte de Rusia, que durante las últimas semanas ha sido víctima de incendios de gran magnitud que han alcanzado las áreas productoras de dicho cereal. ¿Cómo se justifica que los incendios registrados en los bosques rusos tengan consecuencias tan nefastas para la población africana, concretamente la mozambiqueña?
Una vez valorada la situación que acabamos de ver en nuestro país queda patente que “algo huele a podrido en el reino de la globalización”. Esta situación probablemente se repetirá no solo en Mozambique sino también en otros países africanos, como ya sucedió en 2008 –por los mismos motivos—con las llamadas “revueltas del hambre” debido al aumento del precio del arroz en diferentes puntos del continente –y del mundo. Queremos destacar que, de nuevo, los países del llamado “tercer mundo” son víctimas de las crisis que el “mundo desarrollado” genera. Por este motivo, albergamos nuestras dudas sobre si realmente este es el modelo que nosotros, los llamados “países pobres”, deberíamos seguir.

Como UNAC, hoy reiteramos lo que hemos exigido a nivel nacional –e internacional en el seno de Vía Campesina: nuestros gobiernos, y el gobierno mozambiqueño en particular, tienen que comprometerse políticamente a largo plazo para reconstruir las economías alimentarias nacionales. Los países donantes poseen un peso extremadamente importante en el presupuesto general del país. Apelamos a los gobiernos de estos países para que cumplan los compromisos de París y Accra en lo que se refiere al respeto de la soberanía nacional en la definición de la agenda de nuestro país.

Debe priorizarse la producción alimentaria doméstica para minimizar su dependencia del mercado internacional. Se debe estimular a los campesinos y pequeños agricultores con precios más atractivos para sus productos y con mercados más estables, para que así puedan producir alimentos para ellos mismos, para sus comunidades y para las ciudades. Todo ello conlleva un aumento de la inversión en la agricultura del sector familiar, así como en explotaciones pequeñas y medianas, para que puedan hacer frente al mercado interno. Asimismo, se necesitan medidas para controlar las importaciones baratas de bienes alimentarios.

La UNAC quiere hacer hincapié en el término “agricultura campesina”, diametralmente opuesto a la “agricultura de gran escala orientada a la exportación”: la agricultura campesina significa que esta se cimenta en los campesinos y las campesinas, que desempeña una función social y cultural, que vela por una producción alimentaria de calidad, orgánica y adaptada a los hábitos y costumbres alimentarios locales, libre de la especulación de los mercados mundiales.

La UNAC reitera la necesidad de mejorar la imagen que refleja la agricultura campesina. Gradualmente, las políticas neoliberales nos han alienado a algunos de nosotros: como “los campesinos sólo producen para subsistir”, esto significa que “no los necesitamos para poder dar el salto cualitativo hacia el desarrollo: la agricultura debe ser un negocio puro y duro”. Es aquí donde nace la locura de la agricultura a gran escala, también conocida como “agronegócio”. Se nos dan diferentes ejemplos para defender este argumento, para que lo sigamos. Es justamente esto lo que se difunde y se pone en marcha en diferentes países, entre ellos los llamados países desarrollados.

Sin embargo, resulta que las crisis alimentarias se suceden una detrás de otra periódicamente a medida que se avanza en esta dirección. Es verdad que los países que practican este modelo producen mucho más de lo que necesitan, pero gran parte de su población pasa hambre. Un ejemplo archiconocido de este modelo es el de nuestra vecina Sudáfrica, donde millones de persones padecen hambre, más hambre incluso que en nuestras zonas rurales. Pero de esto no se habla. Y es ahí donde reside el problema.

Cuando el sector familiar se beneficia de incentivos y políticas que lo impulsan —como préstamos, tierra, agua, tecnologías y servicios adecuados de extensión— puede producir mucho más y contribuir ampliamente, y desde el principio, en la distribución. La producción y la distribución van encadenadas. No es necesario que los productores de alimentos sean comerciantes especuladores para contribuir al desarrollo sostenible y a la soberanía alimentaria de los pueblos. Es esto lo que debemos analizar, ¡porque no hay nada peor que caer en esa trampa!

Sucesos como los de la semana pasada en Mozambique corroboran nuestro ideal de lucha: los alimentos no son una mercadería cualquiera. Es inaceptable que la población, en su mayoría pobre, esté a merced de los mercados mundiales, que deciden si van a comer o no. Especialmente en un país como Mozambique, que posee tierras y recursos naturales más que suficientes para asegurar los alimentos necesarios tanto para el campo como para las ciudades.

Como UNAC, nuestro deber y nuestra misión es la de continuar luchando para que las familias mozambiqueñas, de la ciudad y del campo, de nuestro país, alcancen la soberanía alimentaria.

¡NO A LA VIOLENCIA!

¡NO A LA REPRESIÓN!

¡SÍ A LA SOBERANÍA ALIMENTARIA!

Los campesinos unidos siempre venceremos

- Maputo, 8 de septiembre de 2010

- UNAC

- Calle Valentim Siti, N° 30, R/C

- Maputo

- Tel: 21 306 737

- Email: unac.adv@gmail.com


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