¡Apaguemos el fuego de los agrocombustibles y encendamos la llama de la soberanía alimentaría!

El campesinado produce alimentos, los agrocombustibles generan hambre y pobreza

Posicionamiento de Vía Campesina
Sábado 2 de agosto de 2008 por LRAN

La actual ola masiva de inversión en la producción de energía basada en el cultivo y procesamiento industrial de materias vegetales como el maíz, la soja, la palma aceitera, la caña de azúcar, etc., no resolverá ni la crisis climática ni la energética. Asimismo, traerá desastrosas consecuencias sociales y medioambientales. Crea una nueva y muy seria amenaza sobre la producción de alimentos por los pequeños campesinos y el logro de la soberanía alimentaria de la población mundial.

Durante los últimos veinte años, las políticas neoliberales adoptadas globalmente han fallado al responder a las necesidades básicas de las personas. Las promesas de la FAO en la Cumbre Mundial sobre Alimentación de 1996 y en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU de sacar a las personas de la pobreza no se han cumplido. Muchas más personas están sufriendo hambre.

Se afirma que los agrocombustibles ayudarán a a combatir el cambio climático. En realidad sucede lo contrario. Las nuevas plantaciones de monocultivos necesarias para producir agrocombustibles están incrementando las emisiones de gases de efecto invernadero, por la masiva deforestación, por la fragmentación de las tierras comunales y por el drenaje de las zonas húmedas que implican. Si tenemos en cuenta el propio ciclo de producción, transformación y distribución de agrocombustibles, no se producen menos gases de efecto invernadero que con los combustibles fósiles, excepto en algunos casos. Además, los agrocombustibles nunca podrán reemplazar a los combustibles fósiles. De acuerdo a las últimas estimaciones, únicamente cubrirán el futuro incremento del consumo desde ahora hasta 2020. Simplemente no hay suficiente tierra en el mundo para generar todo el combustible necesario para una sociedad industrial cuyas necesidades para transportar personas y mercancías están continuamente incrementándose. La promesa de los agrocombustibles crea la ilusión de que podemos continuar consumiendo energía e incluso creciendo a un ritmo cada vez mayor. La única respuesta a la amenaza del cambio climático es reducir el uso de la energía en todo el mundo y redirigir el mercado internacional hacia los mercados locales.

Mientras tanto, los impactos sociales y ecológicos de los agrocombustibles serán devastadores. El monocultivo y la agricultura industrial, ya sea para agrocombustibles o para cualquier otra producción, están destruyendo la tierra, los bosques, el agua y la biodiversidad. Expulsan de su tierra a las familias campesinas, hombres y mujeres. Se estima que cinco millones de campesinos han sido expulsados de su tierra para crear espacio para monocultivos en Indonesia; cinco millones en Brasil, cuatro en ColombiaŠ La agricultura industrial genera mucho menos empleo que la agricultura campesina sostenible; es una agricultura sin agricultores.

La actual expansión de la producción de agrocombustibles contribuye a la concentración masiva de capital por los terratenientes, grandes empresas y transnacionales, provocando una verdadera contrarreforma agraria en todo el mundo. Además contribuye a incrementar la especulación en los productos alimenticios y en el precio de la tierra. En lugar de dedicar la tierra y el agua a la producción de alimentos, estos recursos están dedicándose a producir energía en forma de gasóleo o etanol. Hoy, los pequeños campesinos, los indígenas, hombres y mujeres, producen la inmensa mayoría de la comida consumida en todo el mundo. Si no lo prevenimos ahora, los agrocombustibles ocuparán nuestras tierras y la comida será aún más escasa y cara.

¿Quién comería agrocombustibles?

Una nueva alianza de algunos gobiernos con las grandes empresas químicas, de la automoción, del petróleo y de la agroindustria está promoviendo los agrocombustibles con el único objetivo de ganar dinero. Estas grandes empresas transnacionales manipulan la preocupación social por el cambio climático y la crisis energética y se lanzan a la producción de agrocombustibles de manera que mantengan y fortalezcan su modelo productivo agro-industrial. Lo hacen a sabiendas que dicho modelo es, en sí, una de las principales causas del cambio climático y en particular por su consumo intenso de energía.

Las transnacionales fortalecen y amplían su control tecnológico y de mercados sobre el sector agrario, desplazando nuestra producción campesina de alimentos basada en el empleo de semillas campesinas, la convivencia con la biodiversidad y la energía proporcionada por la fuerza humana o animal, elementos todos ellos que usan mucha menos energía por unidad de alimento producido y, sobretodo menos combustibles fósiles.

Las compañías del agro negocio saben que los agrocombustibles producidos a gran escala no son económicamente viables. La carrera hacia los agrocombustibles es posible solo por los tremendos subsidios directos e indirectos de los gobiernos que la promocionan y el capital especulativo que ya está causando enormes alzas en los precios de los alimentos.

Las cifras provocan pavor ya que están hablando de millones de hectáreas y miles de millones de dólares: el gobierno de la India está contemplando la plantación de 14 millones de hectáreas con jatrofa; el Banco Interamericano de Desarrollo dice que Brasil tiene 120 millones de hectáreas dispuestas al cultivo de agrocombustibles; y un lobby empresarial plantea que hay 397 millones de hectáreas disponibles en 15 países africanos. Estamos hablando de expropiaciones a una escala sin precedentes.

Mientras las corporaciones transnacionales aumentan sus beneficios económicos, la mayor parte de la población mundial no tiene suficiente dinero para comprar comida. Se estima que los agrocombustibles son los responsables del 30% de la actual crisis de precios de los alimentos.

Cuando las grandes compañías transnacionales no son capaces de encontrar tierras agrícolas para la producción de agrocombustibles, imponen la deforestación de las zonas boscosas que aún existen en el mundo y que son necesarias para el mantenimiento de la vida en la tierra.

Miles de familias campesinas no tienen más alternativa que sumarse al cultivo de los agrocombustibles ya que necesitan estos ingresos para subsistir hasta la siguiente campaña. Las políticas agrícolas nacionales e internacionales impuestas por las instituciones financieras internacionales y por las grandes empresas transnacionales han exacerbado la dependencia de los países en desarrollo, llevándolos a la crisis alimentaria, a la extrema pobreza y al hambre en todo el mundo. Por tanto, estos pequeños campesinos no son culpables de tomar la decisión equivocada, sino que son las víctimas del actual sistema que se les impone.

Los pequeños campesinos y los trabajadores agrarios, trabajando en condiciones extremadamente duras con efectos dañinos en su salud, con muy pobres ingresos, no tienen voz sobre la manera en que su producción es utilizada. Muchas de estas personas están trabajando bajo contratos agrícolas con las grandes compañías del agronegocio, que son las que procesan, refinan y venden el producto. Por tanto, son estas grandes empresas quienes deciden canalizar estas producciones hacia los combustibles y no al mercado de alimentos. La subida de los precios de los alimentos pagada por los consumidores no se refleja en los ingresos de los pequeños campesinos.

Ante la crisis energética, producción y consumo responsables

La producción campesina sostenible es imprescindible para alimentar el mundo. La agricultura campesina sostenible y la soberanía alimentaria consumen hasta 80 veces menos energía que la agricultura industrial.

La soberanía alimentaria implica primar el empleo de los recursos locales para la producción de alimentos, minimizando tanto la cuantía de materias primas importadas para la producción así como su transporte. Igualmente, la comida así producida se consume localmente, por lo que el producto final no tiene que viajar lejos. No es lógico comer en Europa espárragos provenientes del Altiplano, o judías verdes frescas procedentes de Kenia.

A través de la historia de la agricultura, los campesinos y campesinas y la gente que habita los centros rurales han obtenido la energía de sus tierras agrícolas para responder a sus necesidades cotidianas. Las familias campesinas están usando aceite de coco o de girasol, biogás, leña, viento o agua para generar electricidad para su uso local. Estos métodos son sostenibles e integrados dentro del ciclo de producción de alimentos en sus tierras.

Es imperativo diseñar y adoptar actitudes responsables en el consumo de alimentos y ajustar nuestro modo de alimentarnos, conociendo que el modelo industrial de producción y consumo es destructivo, mientras que el modelo basado en la producción campesina utiliza prácticas energéticas responsables.

Por esto, La Vía Campesina continúa su lucha contra el poder de las grandes empresas transnacionales y los sistemas políticos que les apoyan. La crisis energética no debería verse como un problema aislado sino como parte de toda la crisis del actual modelo de desarrollo, donde los beneficios tienen prioridad sobre las personas.

En su lugar, nosotros apoyamos una agricultura de pequeña escala, diversificada, centrada en las personas con mercados locales y modos de vida saludables, usando menos energía y menos dependencia de recursos externos. Las familias campesinas sostenibles cumplen la misión fundamental de la agricultura: alimentar a las personas.

Vía Campesina denuncia:

El modelo neoliberal, las instituciones financieras internacionales y el capital transnacional, responsables directos del las crisis climática y alimenticia.

- La irresponsable presentación de los agrocombustibles como una respuesta a las crisis climática y energética.

- La inmoralidad de producir agrocombustibles en un mundo asolado por el hambre.

- La pasividad de la mayoría de las instituciones enfrentadas con el serio riesgo planteado por la llegada de los agrocombustibles, lo que implica que las poblaciones urbanas y rurales no puedan ni producir ni consumir alimentos.

- El que estas mismas instituciones están en realidad colocando los intereses económicos de las grandes empresas transnacionales por encima de la alimentación y las necesidades nutricionales de las mismas personas que tienen confiado representar y defender.

- El insulto de continuar promoviendo los agrocombustibles a pesar del balance energético negativo en su producción, procesamiento y transporte.

- El modelo neoliberal, las instituciones financieras internacionales y el capital trasnacional, responsables directos de las crisis alimentaria y climática.

Vía Campesina exige:

- El final de las empresas impulsadas por el monocultivo basado en la producción de agrocombustibles. Como primer paso, ha de ser declarada inmediatamente una moratoria internacional de cinco años en la producción, comercio y consumo de agrocombustibles industriales.

- Debe efectuarse una evaluación en profundidad del coste social y medioambiental del boom de los agrocombustibles y de los beneficios conseguidos por las grandes empresas transnacionales en el procesamiento y comercio de las materias primas.

- La promoción y el desarrollo de la agricultura campesina y los modelos de consumo locales y el rechazo del consumismo.

- El apoyo explícito de los gobiernos y de las instituciones al modelo de producción y distribución de alimentos basado en la agricultura campesina sostenible, con su mínimo uso de energía, su capacidad para crear empleos, de respetar la diversidad cultural y biológica y su efecto positivo contra el calentamiento global (los suelos fértiles son el mejor camino para capturar CO2).

- La reorientación de las políticas agrícolas hacia las comunidades rurales sostenibles y los modos de vida basados en la soberanía alimentaria y la auténtica reforma agraria.

- La promoción y el desarrollo de modelos de consumo responsable.


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