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Cambio climático: los que lucran y los que resisten

Silvia Ribeiro

Martes 11 de diciembre de 2007, por LRAN

(publicado en el periódico mexicano La Jornada, México, 8 dic. 2007)

Investigadora del Grupo ETC

Del 3 al 14 de diciembre se reúne en Bali, Indonesia, la 13a. Conferencia de Naciones
Unidas sobre Cambio Climático, tema cada vez más álgido, tanto por la agudización de los
impactos de esta tragedia anunciada, como por los fuertes intereses comerciales que
moviliza.

Este año, la polarización social global en torno al tema, se expresa particularmente con
la instalación, fuera de las reuniones oficiales, de la "Aldea de la solidaridad para un
planeta sin calentamiento", organizada por una amplia coalición de movimientos sociales
y organizaciones civiles de Indonesia e internacionales. Según los organizadores, que
incluyen a la coalición Movimiento Popular de Indonesia contra el Neo-colonialismo y el
Imperialismo, la Federación Indonesia de Sindicatos Campesinos (FSPI), organizaciones de
derechos humanos, de pescadores, de mujeres, coaliciones contra los acuerdos comerciales
y organizaciones internacionales como Vía Campesina, Amigos de la Tierra y Focus on the
Global South, es "un espacio abierto para reunir a todos los hombres y mujeres, desde el
este, oeste, norte y sur, que creen que el calentamiento global no puede ser abordado
mediante soluciones de mercado y neoliberales. Creemos que éstas sólo pueden encontrarse
con cambios fundamentales en la manera en que producimos, comerciamos y consumimos".

Este tipo de movilizaciones sale al encuentro de las justificaciones de las industrias
para promover, entre otros, los agrocombustibles, los "desiertos verdes" producidos por
los monocultivos forestales, las grandes represas, la energía nuclear y otros arreglos
tecnológicos, que lejos de ser soluciones agregan nuevos problemas ambientales y
sociales.

Si bien el proceso de cambio climático global se conoce desde hace décadas, Estados
Unidos y las industrias petroleras y automovilísticas lo negaban. Pero esos mismos
actores han ido cambiando de estrategia, no porque reconozcan su vasta y dañina
participación en la producción de las causas del calentamiento global y las ganancias
que les ha reportado, sino porque avizoran nuevas fuentes de negocios para mantener sus
privilegios de lucro y contaminación.

En ese sentido se destaca la agresiva promoción de los combustibles agroindustriales a
escala global, subvencionados con dinero público para el lucro de las grandes empresas.
Sólo que en lugar de mitigar el calentamiento global lo van a empeorar, porque implican
un aumento masivo de sus causas: más agricultura industrial, más consumo de petróleo
para maquinaria agrícola y agroquímicos, más deforestación y más erosión de sistemas
naturales. Por si fuera poco, son nueva fuente de atropellos a los territorios y
derechos de los campesinos y campesinas que en todo el mundo son quienes realmente
proveen la base de la alimentación y la sustentabilidad de los agroecosistemas para la
mayoría de la población mundial.

Otro tipo de emprendimientos de alto riesgo, algo menos conocidos, son las empresas de
"geoingeniería", es decir, la modificación del ambiente voluntariamente y a gran escala.

Varias empresas han salido, literalmente, a pescar ganancias, con lo que llaman
"fertilización" de los océanos. Se basan en la teoría de que al dispersar fertilizantes
en la superficie de los océanos aumentará el fitoplancton, que absorbería dióxido de
carbono y, por tanto, funcionaría como "sumidero de carbono", uno de de los principales
gases, cuya acumulacion provoca el calentamiento global. Pero estos empredimientos que
se hacen con fines de lucro, no son inocuos. Por el contrario, en noviembre del 2007, el
Convenio de Londres de la Organización Marítima Internacional (que se ocupa de la
contaminación de los mares por vertido de desechos) declaró que este tipo de
experimentos "no se justifican", tanto por los impactos negativos potenciales como
porque no está claro que aporten ningún beneficio. Recomienda a los gobiernos no
aprobarlos. Pero las empresas insisten y buscan gobiernos dóciles, que no sean firmantes
de este convenio.

Una de las iniciativas más conocidas es la de Planktos Inc., compañía que vende créditos
de carbono a individuos y empresas, para luego verter nanopartículas de hierro a los
océanos. Planktos anunció que se dirigía para estos fines a los mares cercanos a las
Islas Galápagos, pero debió cancelar el viaje debido a las denuncias de muchas
organizaciones locales e internacionales, así como a la oposición oficial en Ecuador.

Otra empresa similar, también en la mira de muchas organizaciones, es Climos, con sede
en San Francisco. Quiere legitimarse como agente de "créditos de carbono" con estas
actividades de vertido a los océanos y pretende ser admitida dentro del llamado
Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto. Otra muestra fehaciente de
que el MDL es un mecanismo a favor de intereses comerciales, que legitima la venta de
"permisos de contaminación", aumentándola, y promueve actividades de fuerte impacto
social y ambiental.

La empresa australiana Ocean Nourishment Corporation (ONC) se proponía verter 500
toneladas de urea al mar de Sulu, cerca de Filipinas, pero debió cambiar sus planes
luego de la oposición del gobierno filipino, debido a la denuncia de varias
organizaciones de la sociedad civil por los impactos sobre los pescadores artesanales y
el ambiente marino. Sin embargo, ONC sigue con el plan de verter más de mil toneladas de
urea en aguas malayas, y considera ir también a Chile, Emiratos Árabes y, posiblemente,
Marruecos.

Los piratas del clima siguen buscando puertos vulnerables y tierras desprotegidas para
sus lucros inescrupulosos, sea con geoingeniería, agrocombustibles o incluso creando
organismos vivos totalmente artificiales para producir combustibles comercialmente, como
intenta el genetista Craig Venter.

Que no les quepa duda: por todo el mundo se multiplica también la resistencia de las
organizaciones de la sociedad civil, así como la alerta activa de los campesinos y
campesinas que, como dice Vía Campesina, desde su lucha y desde su práctica diaria
combaten el calentamiento global.