CASO DE LA PALMA AFRICANA EN COLOMBIA.

Costo social de los agrocarburantes.

Francois HOUTART
Jueves 15 de noviembre de 2007 por LRAN

Documento enviado por Roberto Hernandez Montoya.
Traducido por Monica Chalbaud. 25.10.2007.
François Houtart. houtart@espo.ucl.ac.be

Mucho mas en http:/ / www.michelcollon.info

Queridos amigos,
Una palabra para dar algunas informaciones sobre la experiencia vivida
junto a los campesinos colombianos despojados de sus tierras por las
plantaciones de palma africana destinadas sobre todo a los agrocarburantes.

Centro Tricontinental Louvain-la-Neuve, 23 de agosto 2007.

En Colombia mi contacto era la Comisión Intereclesial Justicia y Paz que se
preocupa sobre todo de las violaciones de los derechos del hombre de las
poblaciones campesinas expulsadas de sus tierras, especialmente por la
extensión de las tierras destinadas a los agrocarburantes. Una noche, nos
fuimos al Norte de Bogotá, a una comunidad indígena, a media ladera de una
montaña para pasar una noche de oración. Reunidos en un sitio sagrado
circular, a la luz de un fuego central, escuchábamos un anciano que nos
contaba sobre la expulsión de sus tierras por las compañías agrícolas,
evento acompañado de masacres. Rogamos por los muertos. Hubo largos
silencios. Miembros de la comunidad vinieron a juntarse al grupo. Se
saludaban tocándose la frente (saludo por el pensamiento) e intercambiando
algunas hojas de coca.
Toma de palabra, de unos tras otros, ya que "la palabra es el alma". El
anciano que preside me pide intervenir en primer lugar, ya que soy también
"un abuelito". Es un compartir espiritual, en el que se expresa el respeto
por la tierra-madre y la importancia de la vida humana. Un reconocimiento
también hacia el pueblo hermano que los ha acogido en sus tierras.
Contrastes: el nombre del anciano es Victor Hugo y antes de la ceremonia,
él había pedido a cada uno de apagar los celulares! No me quedo toda la
noche, ya que al día siguiente, hay que trabajar!

En efecto, a la mañana siguiente se habría un seminario internacinal sobre
los agrocarburantes, en el que me habían pedido dar la lección de apertura,
tema sobre el que estoy trabajando por el momento, esperando terminar
pronto una obra sobre el tema. Entre los participantes, no sólo
latinoamericanos y europeos, sino también asiáticos. Al día siguiente paso
la jornada con una delegación internacional cerca de la frontera con
Venezuela, sobre un afluente del Orinoco en Arauca, para oir tertimonios de
personas desplazadas, sobre todo campesinos. Es una "audiencia" destinada a
preparar una sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos que tendrá lugar
en el mes de noviembre en Bogotá y que me han pedido presidir. Durante
medio día los recitativos más dramáticos se suceden, muchos de los testigos
deberán hablar detrás de una puerta en el local sindical: expulsiones por
las empresas petroleras, masacres de los paramilitares y del ejercito!,
bombardeo de un pueblo desde un helicoptero de una empresa petrolera
norteamericana. Nosotros interrogamos a los testigos. Un parlamentario
europeo aleman que nos acompaña está petrificado por la emoción e incapaz
de preguntar la más mínima cosa. Mientras esperamos el avión de regreso,
dos policías del DAS (Departamento administrativo de Seguridad) vienen a
pedirnos nuestros pasaportes y nos acusan de actividades ilegales y nos
amenazan con expulsarnos. La respuesta es clara: nosotros habiamos
prevenido a las autoridades de Bogotá. Una llamada telefónica lo confirma.

Al día siguiente, en la Universidad Nacional ocurre un seminario sobre las
Orientaciones socio-políticas de Colombia. Carlos Gaviria, presidente de la
oposición y antiguo candidato a la presidencia y yo mismo introducimos el
seminario sobre los principios que orientan una politica, fase a la crisis
del modelo de desarrollo.

Seguidamente la visita al Norte del Chocó, región fronteriza con Panamá, y
cerca de la Costa Atlántica. Primera escala del avión, Medellín, que se ha
vuelto una verdadera metrópolis, de la que se puede comprender a grandes
trazos la estructura social, sobrevolándola a baja altura y aterrizando en
el aeropuesto, situado en el centro mismo de la aglomeración. Enorme
desarrollo de los barrios mas ricos, con muchas construcciones a lo alto y
extensión de los barrios pobres. Esto no tiene la dimensión de Bogotá,
ciudad de 8 millones de habitantes, cuyo norte muestra su opulencia,
mientras que el sur reúne barrios donde se apilonan centenas de millares de
gente, anotar los refugiados del interior. De Medellín, nueva escala hasta
una pequeña ciudad, Atrato, situada no lejos de la frontera con Panamá.
Somos varios en este viaje, a notar Miembros de la Comisión Justicia y Paz,
entre quienes está una monja del Sagrado Corazón, y la Comisión ética, de
la que formo parte entre otros, una jurista español y dos jóvenes
americanas, de las cuales una acaba de salir de la cárcel por haber
manifestado frente a la Escuela de las Américas en Georgia (formación de
militares latino-americanos de bien triste reputación).

Antes de aterrizar sobrevolamos plantaciones de cambures. Las atravesamos
después en carro antes de llegar a la pequeña población local. Desde el
restaurante observo los detalles de la vida cotidiana y me vienen a la
memoria muchos elementos de la novela de Gabriel García Márquez, Cien Años
de Soledad. Desde allí tomamos dos carros para llegar a otra pequeña ciudad
del interior, donde somos recibidos en el convento de las monjas. Se trata
de una congregación colombiana, fundada por la Madre Laura, para el trabajo
con los poblaciones indígenas. Son llamadas las "Lauritas", y están ellas
presentes en varios países latino-americanos para trabajo social entre las
poblaciones indígenas. Esta congregación, muy comprometida socialmente,
mucho se ha desarrollado en Colombia y ha extendido su acción en medio de
los más pobres
especialmente en la región hacia donde nos dirigimos. Pasamos una parte de
la noche con las religiosas. Ellas nos cuentan su trabajo en esta región
donde los grandes propietarios poseen millares de hectáreas y donde se
extienden progresivamente las plantaciones de palma africana. Ellas nos
describen las llegadas masivas de campesinos sacados de sus tierras en las
diferentes poblaciones y especialmente en el lugar donde estamos. Hablamos
de pueblos cuyas calles no están pavimentadas y los servicios generales son
rudimentarios.
Hay un barrio de casas construidas precariamente, con planchas y tablas de
zinc, que habitan numerosos campesinos refugiados del interior.

Las monjas, trabajando cotidianamente y en la base, nos cuentan como estos
campesinos que afluyen a localidades urbanas, han sido a menudo desposeídos
de sus bienes. No teniendo más nada, están obligados a resolverse como
puedan. Ninguna compensación financiera, ninguna seguridad social, grandes
dificultades para enviar a sus hijos a la escuela, y ningún trabajo para
los jóvenes. Bueno, situaciones a menudo dramáticas y fase a las cuales las
siete monjas no llegan a hacer frente. Cuatro de ellas se expresan: "entre
los refugiados del interior, hay muchos afrodescendientes (las poblaciones
negras) y también ciertas poblaciones indígenas. A menudo es el terror lo
que les hace salir de sus tierras. Los paramilitares, grupos armados
informales, pero íntimamente ligados con el ejército, amenazan y asesinan
sencillamente para crear el terror". Una de las monjas nos dice: "los
paramilitares son un verdadero aparato de Estado, ya que la relación con
los poderes militares, políticos y económicos está patente. El gobierno
actual pretende desmovilizar a los paramilitares, pero de hecho ellos están
tan presentes como antes y siempre igual de armados y un cierto número de
los que son regresados a la vida civil, obtienen prácticamente la impunidad
y ocupan puestos muy importantes en el campo político, comprendido el
Parlamento".

La Superiora de la pequeña comunidad nos explica que estas prácticas
políticas están relacionadas con la extensión constante de la gran
propiedad terrícola. No hace mucho, una gran parte de las tierras eran
bosques. El resto era cultivado por pequeños campesinos o por comunidades
indígenas. Fueron implantados primero las grandes ganaderías extensivas,
luego el cultivo del cambur y hoy en día la palma de aceite. Son los
militares los que al comienzo ejercieron la fuerza para ayudar a los
propietarios a ganar progresivamente las tierras de los campesinos.
Después, vinieron los paramilitares, para la tarea sucia que los militares
no podían cumplir.

Nosotros les preguntamos si la guerrilla es activa en la región. Responden
que estuvo fuertemente activa en los años 90, pero que ahora se refugia en
las montañas. Se trataba al comienzo de campesinos desposeídos de sus
tierras, organizados en resistencia armada. En el transcurso de los últimos
40 años, esta resistencia, especialmente la de las FARCS se transformaron
en una organización militar, que recurre para poder continuar a armarse, al
impuesto sobre el narco-tráfico y a los secuestros. En la región, en todos
los casos no encuentran una simpatía particular de la población, aún
desplazada, pero no son tampoco considerados como enemigos, ya que en las
regiones que controlan, la situación del campesinado es mucho mejor.

El narcotráfico está presente por todos lados. Los paramilitares viven del
narcotráfico. Los militares a menudo están implicados igualmente y la
guerrilla eleva los impuestos sobre el tráfico de drogas, para poder
subsistir. Miembros de la Comisión Justicia y Paz nos dicen: el
narcotráfico ha penetrado a toda la sociedad colombiana. Una parte
importante de los financiamientos que uno ve en las construcciones urbanas
de Bogotá y de Medellín, provienen de hecho de esa fuente. El Gobierno,
ayudado por los norteamericanos, destruye los cultivos de coca, sobre todo
en las regiones montañosas y alejadas de las poblaciones, por la vía de
fumigaciones, pero esto no resulta eficaz y por contra, esto produce
efectos ecológicos desastrosos. Se ataca a los pequeños campesinos, que a
menudo desplazados de sus culturas tradicionales no tienen otro medio de
existencia, pero los grandes traficantes logran hacerse un lugar en la
sociedad.

Por la noche nos quedamos en un local parroquial, colchones de goma espuma
colocados a ras del suelo. Privilegio de la edad, me dan una cama de
planchas y después de una corta noche, retomamos la ruta. Primero la gran
carretera que lleva a Medellín y que atraviesa, a pérdida de vista, grandes
extensiones ganaderas, que se prolongan por miles de hectáreas. El ganado
está disperso y relativamente poco numeroso.
Pasaremos por 16 barreras militares en el transcurso de dos días, signo de
la militarización de la región. En dos de entre ellos, deberemos entregar
nuestras identidades. Los yeeps toman luego caminos de campo, donde vemos a
lo largo de las carreteras implantaciones nuevas de pequeñas casas de
madera.
Son casas de los grupos familiares de los paramilitares, provenientes de
otras regiones. Después de más o menos 75 kms., llegamos a la zona de la
palma africana. Esta vez, nos metemos por caminos enteramente bordeados por
las plantaciones de palmas, plantas relativamente bajas y cuyos frutos se
sitúan en la base. A lo largo de una de esas rutas, los frutos de esas
palmeras se van juntando en la ruta y vienen camiones a llevarselos para
las refinerías, que hemos cruzado. Una hectárea de palmeras da 5.000 litros
de agrodiesel. Es pues una producción muy rentable. El trabajo no exige más
que una mano de obra bastante reducida, que es traída en camión cada día.
Los fertilizantes y los pesticidas utilizados por las plantaciones son
químicamente muy destructivos. No queda ni un solo pájaro. Los campesinos
nos dicen que los riachuelos y los ríos ya no tienen peces. Uno de ellos,
me muestra las huellas de quemaduras en la piel que ha sufrido bañandose en
los ríos. Los productos químicos son expandidos por avioneta y no respetan
nada, ni los suelos, ni el agua, ni los raros espacios donde queda aun un
hábitat.

Llegamos finalmente a un sitio indicado por un gran panel realizado a mano:
Zona humanitaria. Después de diez años de lucha sangrienta llevada por la
Brigada 17 de la armada y los paramilitares actuando para las empresas de
la palma, y luego a partir de 2001, desplazamientos sucesivos forzados, un
grupo de campesinos se ha reunido para cultivar algunas hectáreas de tierra
en las fronteras de las plantaciones de palma. Han sido expropiados de sus
propiedades ancestrales que datan para algunos de 120 años. Han constituido
lo que llaman una "zona humanitaria de biodiversidad". Están acompañados
por la brigada internacional de paz para su protección. Una Comisión ética
internacional ha sido constituida para alertar las instancias
internacionales, en caso de violaciones graves de sus derechos y de la cual
soy miembro, con otros Europeos y Norteamericanos. Las autoridades de
Bogotá han sido prevenidas de nuestra misión en el lugar por la Comisión
intereclesiástica Justicia y Paz.

Debe decirse que un pequeño campesino en estas regiones, es alguien que
posee entre 50 y 100 hectareas. Las culturas siendo diversificadas, la
ganadería relativamente extensa, los bosques abundantes, permitían a estos
campesinos continuar una vida relativamente normal, aunque las condiciones
de trabajo sean duras. El Chocó era la región de la mayor biodiversidad del
país.
Había a varios kms. de allí un pueblo, con escuela primaria, centro de
salud, acueducto trayendo agua de la montaña, una serie de iglesias y de
templos de diferentes denominaciones cristianas. Hoy en día, no queda casi
nada de esta aglomeración: la escuela, el centro de salud, el acueducto
fueron destruidos, para la extensión de los cultivos de la palma. Cada
extensión de los cultivos de palma conlleva nuevas masacres. En diciembre
2005, en Pueblo Nuevo y en octubre 2006, en Brisas, es un nuevo grupo de
paramilitares, llamado "Aguilas Negras" que entró en acción, en conexión
con el ejercito y la policía.

Bajamos de los yeeps y vamos hacia un pequeño grupo de habitaciones apenas
edificadas. Hace sólo pocos meses que los campesinos se instalaron en esas
tierras. Ya, son objeto de procedimiento judicial, como "invasores". Y eso
que, todos tenían tierras de las cuales fueron expulsados. Algunas
compañías de palmas están activas en la región y en el lugar donde estamos
se trata de Urapalma, sociedad anónima.

Como los campesinos no querían ceder sus tierras, inmediatamente siguieron
las amenazas. Se les decía: "si Uds. no quieren vender sus tierras, se las
compraremos a sus viudas". Desgraciadamente, los hechos continuaron. En la
comunidad que visitamos, 113 personas fueron asesinadas, primero por el
ejercito y luego por los paramilitares. Lo mismo en muchos otros lugares.
No describiré la forma en que fueron masacrados, ya que esto traspasa los
límites de lo soportable. últimamente, uno de entre ellos, un
afrodescendiente que debía asistir a una reunión internacional en Chicago
para denunciar las injusticias cometidas en Colombia, fue asesinado algunos
días antes de su salida. Su cuerpo fue encontrado en el rio, por la monja
del Sagrado Corazón presente con nosotros. Era una advertencia para los
otros.

En el lugar igualmente, está un cierto número de miembros de la Brigada
internacional de la paz, jóvenes italianos, españoles, norteamericanos,
canadienses, franceses, que se turnan para vivir con la comunidad, trabajan
con ellos, y toman todos los riesgos, para protegerlos. Este es el sentido
de la "Zona humanitaria y de la biodiversidad", en otras palabras un área
simbólicamente protegida, establece 5 hectáreas recuperadas por uno de los
campesinos, en frontera de los palmaritales. La visita que hacemos a nombre
de la "Comisión ética" está también destinada a evitar que las exacciones
continúen en el silencio y en la ignorancia. El Gobierno cuida su
reputación internacional, lo que explica el temor a las revelaciones.

Por la tarde vamos juntos como a dos kms de allí, hacia el cementerio. Este
se encuentra al borde de las plantaciones. Fue completamente destruido por
los bulldozers, todas las tumbas profanadas y sobre un pedazito de tierra
que se encontraba fuera de la plantación, los campesinos replantaron
pequeñas cruces de madera pintadas de blanco. Al llegar, sobre el sendero,
lleno de agua y de barro, uno de los campesinos mata una culebra. Allí
mismo, nos reunimos en silencio. Me piden rezar por los muertos. Uno de los
campesinos toma también la palabra. Explica la historia del cementerio.
"Teníamos aquí un pueblo. No queda prácticamente nada. Las máquinas han
completamente destrozado el cementerio. Ya no sabemos cual de nuestros
deudos queridos se encuentra aquí
y es por ésto que colocamos algunas cruces simbólicamente, sin saber quién
se encuentra debajo". Hay una gran emoción. Me piden que bendiga el lugar.
Recitamos juntos el Padre Nuestro, y nos quedamos un buen momento más en
silencio rezando, no solamente por los padres y los abuelos enterrados en
este lugar, sino igualmente por todos los que fueron masacrados. A lo lejos
retumba el canto de las motosierras que operan en el bosque vecino.

Esta visión me conmueve profundamente. Es casi la rabia que llega al
corazón cuando uno ve cosas como ésta. El capitalismo no tiene ningún
respeto por nada. Hay que ganar dinero. Hay que transformarlo todo en
mercancía. Es el valor supremo. Los seres humanos no cuentan ya, ni
siquiera los que reposaban en paz en ese cementerio de campo. Regresamos
cruzando por el camino rodeado de palmeras: las palmeras de la muerte.

Por la noche, cena compartida juntos: sopa de frijoles. La velada se
organiza para un intercambio de testimonios, de cantos, de compartir.
Vinieron también a juntarse con nosotros de otras comunidades provenientes
de la región de Cacarica. Son jóvenes negros, de descendencia africana.
Otros campesinos también vinieron de los alrededores, hombres, mujeres,
niños. Hicieron dos, tres y hasta cuatro horas de marcha para poder pasar
esas cuantas horas juntos. Los de Cacarica hicieron una jornada entera de
viaje, descendiendo el río Curvarado que pasa como a 20 kms. de allí.

La velada comienza con testimonios. El recuerdo de las expulsiones, de las
masacres. Uno después de otro los campesinos y las campesinas vienen a
contar sus historias. Son las amenazas de los militares, las masacres de
los paramilitares. Un hombre dice: hasta mi niño de tres años ha sido
asesinado delante de mis ojos. Un joven viene de contarnos como sus dos
parientes fueron asesinados por los paramilitares. Y los unos después de
los otros dan con voz tranquila, triste, sus testimonios. Es realmente
conmovedor.
Los asistentes permanecen silenciosos. Una vieja señora de origen africano
acaba de tomar la palabra: "Soy una abuela y tengo 29 nietos. Fui expulsada
de mis tierras. Mis nietos ya no pueden ir a la escuela. No tenemos
servicio médico, ni siquiera un centro de salud. Somos campesinos. Queremos
trabajar la tierra. Tanto que yo quisiera que mis nietecitos pudiesen ellos
estudiar, desarrollarse en la vida. Qué hemos hecho para sufrir un destino
como éste? Deseamos vivir en paz, cultivar nuestras tierras. Aquí había
vida y ahora es la muerte. Y sin embargo no hemos perdido la esperanza.
Pensamos que el Señor no nos ha olvidado. Continuamos luchando. No nos
dejaremos descorazonar por las amenazas y por la violencia. Queremos vivir
en paz".

Los jóvenes venidos de Cacarica, van a expresar sus sentimientos con
cantos. Es rap, de uno de ellos es la autoría de las palabras. Explica que
el rap tiene su origen en los negros norteamericanos y que se trata de
cantos de protesta. Varias veces aportan así su contribución a esta velada,
que se pasa bajo un techo de madera, con un suelo de tierra batida. Sus
cantos son impresionantes. Un ritmo entrecortado, que expresa la historia
de sus comunidades. Ellos también vieron a sus padres expulsados de sus
tierras. Piden justicia. Acusan los grandes propietarios y las compañías
del agrobusiness. Denuncian a los paramilitares que masacraron a muchos de
ellos. Acusan al ejército, al gobierno y en particular al presidente Uribe,
el mismo gran propietario de tierras y de minas y artesano de la impunidad
de los paramilitares. Algunas de estas canciones son muy duras. Terminan
sin embargo en un deseo de lucha y no de desespero.

Al final de estos testimonios, me piden intervenir con una oración. Toda la
asamblea está silenciosa. Hay que recordarse de los muertos y las víctimas.
Hay que sobretodo recordar que la vida es más fuerte que la muerte. El
símbolo de la resurrección es precisamente el de la victoria de la vida.
Dios está presente. Es quien quiere la vida. Jesús también fue perseguido
por la justicia y finalmente ejecutado, por haberse opuesto a la dominación
y la explotación de los poderosos sobre los pobres. Pero ha resucitado y he
allí la fuente de la esperanza.

Una joven mujer negra entona una canción: la virgen negra. Es una larga
melodía, cantada dulcemente, con el escuchar atento y emocionado de toda la
asamblea. "La virgen es la que ha amado, que ha sufrido. Ella ha querido
también al pueblo negro. Es por eso que la llamamos la virgen negra. Es
ella la que nos da la esperanza. Es ella la que piensa en nosotros como una
madre. La Virgen negra. La virgen negra". Un largo silencio persiste, cada
uno recordando su historia.

Pero, la alegría de vivir retorna. Entonces todos son invitados a presentar
un canto, a contar una historia. Es la vida que se afirma sobre la muerte,
la alegría sobre la tristeza. Los unos y los otros, de diferentes
comunidades, se esfuerzan por participar en la fiesta. Algunos, cantan
absolutamente falso...Y todo el mundo revienta de risa. Los niños
prepararon una canción, que no termina nunca, pero que permitía que ellos
también intervengan. Como hay algunos extranjeros, se les pide a los dos
norteamericanos presentes cantar. Y resulta una verdadera catástrofe. Los
italianos interfieren, con un poco más de brío. Me piden a mi de aportar mi
colaboración. No estando yo dotado en ese aspecto, escojo enseñarles el
canto francés "Frère Jacques". Al principio la cosa no va tan mal. Que
sorpresa ver que todo el mundo puede cantar en francés. Inútil decirles que
eso terminó en cacofonía. Pero todo el mundo se ríe de buena gana y es
verdaderamente una fiesta. Esto dura hasta bastante tarde en la noche, pero
como en la mañana hay que levantarse temprano, al final todo el mundo entra
en las casas o en las pequeñas carpas y la única luz es la de una luna
apenas visible entre las nubes.

Duermo sobre unas tablas afortunadamente con mosquitero, ya que estas
bestecillas se habían unido a la fiesta! Al lado mío una pareja de
catalanes ronca a quien mejor. No es fácil caer en el sueño, más el
cansancio ayuda y al final el sueño llega. A las cuatro y media de la
mañana, fui despertado en sobresalto por el canto de un gallo que percibió
los primeros rayos del sol.
Estaba junto a mi del otro lado del plástico. Nos levantamos todos. Llovió
durante la noche. La tierra batida, hasta dentro de las casas, se ha
transformado en barro. No es fácil vestirse. Felizmente, una enorme
cacerola de café ha sido preparada. Eso hace mucho bien para despertarse.

A las seis todo el mundo debe estar listo para una operación de destrucción
de palmeras. Seguimos el sendero que lleva a la carretera. Un buen centenar
de personas allí presentes, campesinos, miembros de las brigadas, jóvenes y
viejos. Todos entre las manos tenemos un machete. Antes de ponernos en
camino hacia esa operación, uno de los campesinos despojado de sus tieras,
toma la palabra. Es miembro de una iglesia cristiana, que se llama la
Iglesia cuadrangular (los cuatro ángulos de la tierra). Pide a todos que
nos concentremos. Estoy a su lado. Comienza el con el recitar del Padre
Nuestro a la cual me asocia. Luego, con los ojos bajos, en actitud de
recogimiento, pide la bendición de Dios para todos aquellos que piden
Justicia. "Que Dios nos de la fuerza de continuar luchando, restablecer la
justicia, luchar por nuestra familia, por la vida, por la fraternidad entre
los hombres. Y ahora, con todos nuestros machetes, vamos a destruir lo que
es la obra de la muerte". El grupo avanza a las plantaciones. Cada quien
escoge un árbol y los machetes ejecutan la destrucción de los palmaritales.

Como debemos, algunos, regresar a Bogotá, mi participación no fue mas que
muy simbólica. Hay que ponerse en marcha para volver a la capital. Les digo
adios con emoción, con quienes había compartido algunas horas muy
intensamene. Pero, problema! Durante la noche, un fuerte tornado acostó
numerosos árboles sobre la única carretera que nos permitió llegar a la
"zona humanitaria". Nada de que pasen los vehículos. Habrá pues que partir
a pie. Algunos nos ponemos en marcha. Desgraciadamente, había yo hecho un
falso movimiento dos días antes en Bogotá, entrando a un carro. Mi pierna
derecha no está bien que digamos. Pero, tengo un paraguas que me sirve de
bastón y ya el camino comenzado, camino por cierto lleno de cerritos y de
barro. Los Kms. se suceden monótonos entre hileras de palmeras. Un camión
que transporta trabajadores nos cruza. Se había quedado en el interior del
perímetro de las carreteras atravesadas por los árboles abatidos. Después
de 10 kms. de marcha, llega una motocicleta. Hacemos moto-stop. Era uno de
los campesinos locales. De nuevo, privilegio de la edad, fue designado para
subir a la moto y continuar los siguientes diez kms que faltaban para
llegar al río. Me pregunto todavía como es que no tomé varios baños en los
canales del camino! Pienso en la película "La motocicleta" y casi que me
tomo por el Che!

Llegando al final a buen puerto, el que me trajo telefonea con su celular a
la pequeña villa del otro lado del río. Hace un llamado a dos otras motos,
que terminan por venir a tomar a los otros que habían continuado a pie,
cuando el sol comenzaba verdaderamente a caer duro. Finalmente, nos
volvemos a encontrar todos juntos y tomamos una curiara para atravesar el
río y llegarle a un yeep del otro lado. Nueva barrera militar. Más de 70
kms. en yeep en carreteras imposibles. Camiones accidentados, en fin todo
para perder el avión, ya que el trayecto evidentemente nos ha tomado mucho
mas tiempo que lo previsto. Finalmente, alcanzamos la gran carretera. El
yeep no logra avanzar a más de 40 ms por hora, ya que a cada instante,
sobre todo a cada hueco, se pone a sacudirse en todos los sentidos.
Cambiamos de carro en la ciudad donde habíamos pasado la primera noche. A
toda velocidad nos empujamos al aeropuerto y felizmente el avión tiene una
hora de retraso, sino nos hubiéramos tenido que quedar.

El regreso pasa como a la ida: parada y cambio de avión en Medellín y
finalmente aterrizamos en Bogotá. Durante el viaje, no pude impedirme
pensar en todo lo vivido los dos días precedentes. El film de los
acontecimientos me vuelve al espíritu constantemente. ¿Cómo pueden
aceptarse situaciones parecidas? ¿Cómo es posible que la Jerarquía de la
Iglesia no se haga presente para defender la justicia? ¿Cómo una sociedad
puede construirse sobre tales parámetros? Pasando por Medellín, pienso en
la sociedad Urapalma, cuya sede se encuentra en esta ciudad. ¿Quiénes son
los accionistas? Probablemente excelentes personas, buenos padres de
familia, buenos cristianos, que se encuentran alrededor de una mesa de
tapiz verde y toman decisiones económicas, en función de la lógica del
beneficio, sin ponerse otras preguntas. Hay que denunciar ese sistema. Hay
que encontrar quiénes son los accionistas. Hay que saber cuales son las
Bancas que los financian y cuáles son sus conexiones internacionales? Hay
que atreverse a decir que ellos son los responsables de las muertes, que
ellos reducen a la miseria a millares de personas, que impiden a los
talentos humanos desarrollarse, que ellos son obstáculo para que muchos
niños puedan un día contribuir al bienestar de la humanidad; que ellos
representan intereses materiales contra los valores humanos.

Se pudiera pensar que todo eso significa detener el progreso, que un bien
superior exige sacrificios. ¿Pero qué progreso y cuáles sacrificios?
Continuar un modelo energético que congestiona nuestras ciudades y permite
que el 18 de agosto de este año, haya 580 Kms de tranca en Francia, para no
citar mas que ejemplos fáciles? Al precio de daños irreparables a la
biodiversidad, a las reservas de agua, a los suelos, al clima, en
detrimento de la agricultura campesina y en beneficio del agronegocio para
algunas grandes empresas, y más grave aun, a precio de sacrificios humanos,
sociales y culturales que afectan millones de gente. Por tanto, otro modelo
es posible, de respeto de la biodiversidad, de los derechos humanos y del
clima, pero eso exige una voluntad politica.

En Bogotá una colega viene a buscarme para encontrarme con un grupo de
personas desplazadas que vienen del conjunto del país, con el fin de
preparar una sesión del Tribunal de los Pueblos que debo presidir en
noviembre. Es en casa de ella que voy a estar. En año y medio, es el tercer
apartamento que ocupa en Bogotá, ya que está constantemente amenazada.
Durante la reunión uno de sus colaboradores viene discretamente a tomar mis
zapatos, para lustrarlos, ya que estoy completamente lleno de barro de la
cabeza a los pies. Cambio después de pantalón, ya que por la noche tenemos
un encuentro con el Embajador de Venezuela.

Al día siguiente de nuestro regreso, la policía y el ejército bajaron a la
"zona humanitaria". Diez hectáreas de palmeras han sido destruidas (sobre
25.000 de las cuales una parte mayoritaria ha exigido la destrucción de un
bosque original, viejo de miles de años). Los campesinos cortadores de
palmas serán tratados por la justicia "por destrucción del medio ambiente".
Un colmo! La presencia internacional impide por el momento que otras
masacres se produzcan.
La semana siguiente, durante el seminario de los agrocarburantes, una
discusión tuvo lugar entre el vice-ministro de agricultura y un
representante de la Federación de plantadores de palmas. Este último
declara que Urapalma no es miembro de la Federación y que no puede asumir
ninguna responsabilidad a ese sujeto. Por contra, dice él, las otras
plantaciones responden a un verdadero espíritu de empresa, respectando su
responsabilidad social y disponiendo de un código de conducta. En cuanto a
los títulos de propiedad de los campesinos y de las comunidades indígenas y
negras, él afirma que es un asunto complejo, ya que muchos son falsos.
Verificar todo ésto toma tiempo y el Estado colombiano que subsidió esas
plantaciones debe velar, durante ese tiempo, a recuperar la puesta. En
breve, un lenguaje cerrado, frente a esos campesinos desposeídos y sin
defensa. Curioso discurso, ya que sabemos que entre 2001 y 2005, 263.000
familias de campesinos fueron expropiadas de 2.6 millones de hectáreas,
bien sea por las compañías del agrobusiness, bien sea por los paramilitares
ellos mismos, y que la pobreza rural ha pasado de 66 a 69% entre 2003 y
2004!

El vice-ministro, por su parte, argumentando estudios científicos, afirma
que Colombia es un modelo de respeto a la biodiversidad en los dominios de
los palmaritales. Decir lo contrario para él, es incurrir en injuria al
país. ¡Se creería estar hablando de otro planeta! ¿Cuál es la lógica que
preside a ese discurso y a esas prácticas? La del "progreso" representado
por los monocultivos destinados a responder al consumo de los más ricos en
el mundo y pronto a la "energía verde" de la que tanto se habla, pero que
en su proceso destruye más ecológicamente y socialmente, que de producir
ventajas. Es también la lógica del beneficio, ya que las plantaciones
representan mucho más valor agregado que la agricultura campesina y
contribuyen de esta manera a la acumulación del capital.

He aquí lo que yo quería compartir con Uds., siendo este escrito un mínimo
de expresiones de fidelidad hacia los hombres, las mujeres, los niños
encontrados durante estos dos días.


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