Reflexiones del Comandante en Jefe

Lo que aprendimos del VI Encuentro Hemisférico de La Habana

Fidel Castro Ruz
Viernes 18 de mayo de 2007 por LRAN

María Luisa Mendonça trajo al Encuentro de La Habana el
impactante documental sobre el corte manual de caña en Brasil.

Cubadebate
2007-05-14

En una síntesis que elaboré, como en la reflexión anterior, con párrafos
y frases del original, la esencia de lo que María Luisa expresó fue lo
siguiente:

Sabemos que la mayoría de las guerras en las últimas décadas tienen como
el factor central el control de fuentes de energía. El consumo de
energía es garantizado a sectores privilegiados, tanto en los países
centrales como en países periféricos, mientras la mayoría de la
población mundial no tiene acceso a los servicios básicos. El consumo
per cápita de energía en Estados Unidos es de 13 000 kilowatts, mientras
el promedio mundial es de 2 429 y en América Latina el promedio es de
1 601.

El monopolio privado de fuentes de energía es garantizado por cláusulas
en Acuerdos de Libre Comercio bilaterales o multilaterales.

El papel de los países periféricos es producir energía barata para los
países ricos centrales, lo que representa una nueva fase de la
colonización.

Es necesario desmitificar la propaganda sobre los supuestos beneficios
de los agrocombustibles. En el caso del etanol, el cultivo y
procesamiento de la caña de azúcar contamina los suelos y las fuentes de
agua potable, porque utiliza una gran cantidad de productos químicos.

El proceso de destilación del etanol produce un residuo que se llama
vinaza. Por cada litro de etanol producido, son generados de
10 a 13 litros de vinaza. Una parte de este residuo puede ser utilizado
como fertilizante, pero la mayor parte contamina ríos y fuentes de aguas
subterráneas. Si Brasil produce 17 000 ó 18 000 millones de litros de
etanol por año, eso significa que por lo menos 170 000 millones de
litros de vinaza se depositan en las regiones de los cañaverales.
Imaginen el impacto en el medio ambiente.

La quema de la caña de azúcar, que sirve para facilitar la cosecha,
destruye gran parte de los microorganismos del suelo, contamina el aire
y causa muchas enfermedades respiratorias.

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil decreta
casi todos los años en São Paulo -que representa el 60% de la producción
de etanol en Brasil- una situación de emergencia, porque las quemas han
llevado la humedad del aire a niveles extremadamente bajos, entre
13% y 15%. Es imposible respirar en ese período en la región de São
Paulo donde se cosecha la caña.

La expansión de la producción de agroenergía, como sabemos, es de gran
interés para empresas de organismos genéticamente modificados o
transgénicos, como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bass y Bayer.

En el caso de Brasil, la empresa Votorantim ha desarrollado tecnologías
para la producción de una caña transgénica, que no es comestible, y
sabemos que muchas empresas están desarrollando este mismo tipo de
tecnología, y como no hay medios para evitar la contaminación de los
transgénicos en los campos de cultivos nativos, esta práctica pone en
riesgo la producción de alimentos.

Con relación a la desnacionalización del territorio brasileño, grandes
empresas han adquirido ingenios de caña en Brasil: Bunge, Novo Group,
ADM, Dreyfus, además de los megaempresarios George Soros y Bill Gates.

Como consecuencia de esto, sabemos que la expansión de la producción de
etanol ha generado la expulsión de campesinos de sus tierras y ha creado
una situación de dependencia de lo que llamamos la economía de la caña,
porque no es que la industria de la caña genere empleos, es lo
contrario, genera desempleo, porque esa industria controla el
territorio. Eso significa que no hay espacios para otros sectores
productivos.

Al mismo tiempo, tenemos la propaganda de la eficiencia de esta
industria. Sabemos que se basa en la explotación de una mano de obra
barata y esclava. Los trabajadores son remunerados por cantidad de caña
cortada y no por horas trabajadas.

En el estado de São Paulo, que es donde está la industria más moderna
- moderna entre comillas por supuesto- y es el mayor productor del país,
la meta de cada trabajador es cortar entre 10 y 15 toneladas de caña por
día.

Un profesor de la universidad de Campinas, Pedro Ramos, hizo estos
cálculos: en los años ochenta los trabajadores cortaban alrededor de
4 toneladas por día y sacaban el equivalente a más o menos 5 dólares.
Actualmente, para sacar 3 dólares por día, es necesario cortar
15 toneladas de caña.

El propio Ministerio del Trabajo en Brasil hizo un estudio en el que
dice que antes 100 metros cuadrados de caña sumaban 10 toneladas; hoy,
con la caña transgénica, es necesario cortar 300 metros cuadrados para
alcanzar 10 toneladas. Entonces, los trabajadores tienen que trabajar
tres veces más para cortar 10 toneladas. Este patrón de explotación ha
causado serios problemas de salud y hasta la muerte a trabajadores.

Una investigadora del Ministerio del Trabajo en São Paulo dice que el
azúcar y el etanol de Brasil están bañados de sangre, sudor y muerte. El
Ministerio del Trabajo en São Paulo, en el año 2005, ha registrado
450 muertes de trabajadores por otras causas, como asesinatos y
accidentes ?porque el transporte hacia los ingenios es muy precario? y
también a consecuencia de enfermedades como paros cardiacos y cáncer.

Según María Cristina Gonzaga, que hizo la pesquisa, esta investigación
del Ministerio del Trabajo muestra que en los últimos cinco años
1 383 trabajadores de la caña han muerto solamente en el estado de São
Paulo.

El trabajo esclavo también es común en este sector. Los trabajadores
son generalmente migrantes del nordeste o de Minas Gerais, que son
seducidos por intermediarios. Normalmente el contrato no es directamente
con la empresa, sino a través de intermediarios, que en Brasil los
llamamos "gatos", que seleccionan mano de obra para los ingenios.

En el 2006, la Fiscalía del Ministerio Público inspeccionó 74 ingenios,
solamente en São Paulo, y todos fueron procesados.

Solo en marzo de 2007, los fiscales del Ministerio del Trabajo
rescataron 288 trabajadores en situación de esclavitud en São Paulo.

Ese mismo mes, en el estado de Mato Grosso se rescataron
409 trabajadores en un ingenio que produce etanol; entre ellos había un
grupo de 150 indígenas. En esa área del centro del país, en Mato
Grosso, hay esta característica de utilizar indígenas en el trabajo
esclavo de la caña.

Todos los años cientos de trabajadores sufren condiciones semejantes en
los cañaverales. ¿Cómo son estas condiciones? Trabajan sin un registro
formal, sin equipos de protección, sin agua o alimentación adecuada, sin
acceso a baños y con viviendas muy precarias; además, tienen que pagar
por vivienda, por comida, que es muy cara, y necesitan pagar por
instrumentos como botas y machetes y, por supuesto, en caso de
accidentes de trabajo, que son muchísimos, no reciben el tratamiento
adecuado.

Para nosotros, la cuestión central es eliminar el latifundio, porque
detrás de esta imagen moderna hay un problema central, que es el
latifundio en Brasil y, por supuesto, en otros países de América
Latina. También es necesaria una política seria de producción de alimentos.

Con esto quería presentar un documental que hicimos en el estado de
Pernambuco con trabajadores de la caña, que es una de las regiones donde
más se produce la caña de azúcar, y así ustedes van a ver realmente cómo
son las condiciones.

Este documental fue hecho con la Comisión Pastoral de la Tierra en
Brasil y con sindicatos de trabajadores forestales del estado de Pernambuco.

Así concluye su intervención la destacada y aplaudida dirigente brasileña.

A continuación expongo las opiniones de los cortadores de caña,
contenidas en el material fílmico entregado por María Luisa. Cuando en
el documental no aparecen identificadas las personas, se indica su
condición de hombre, mujer o joven. No las incluyo todas por su extensión.

Severino Francisco da Silva.-* *Cuando tenía 8 años, mi padre se mudó al
ingenio del Junco. Y cuando llegué, yo estaba por cumplir 9, mi padre
empezó a trabajar, y yo ataba la caña con él. Trabajé unos 14 ó 15 años
en el ingenio del Junco.

Una mujer.- Hace 36 años que vivo aquí en este ingenio. Me casé aquí y
tuve 11 hijos.

Un hombre.- Hace muchos años que trabajo en el corte de la caña, no sé
ni contar.

Un hombre.- Empecé a trabajar con 7 años y mi vida es cortar caña y
desmalezar.

Un joven.- Nací aquí, tengo 23 años, desde los 9 años corto caña.

Una mujer.- Trabajé 13 años aquí en la Planta Salgado. Yo sembraba
caña, sembraba fertilizante, limpiaba caña, hierba.

Severina Conceição.- Todos estos trabajos del campo yo los sé hacer:
sembrar fertilizante, sembrar caña. Hacía de todo con el bombo de este
tamaño (se refiere al embarazo) y el canasto al costado, y seguía
trabajando.

Un hombre.- Trabajo, todos los trabajos son difíciles, pero la cosecha
de la caña es el peor que hay en Brasil.

Edleuza.- Llego a casa y voy a lavar los platos, a arreglar la casa,
cuidar del servicio doméstico, hacer las cosas. Cortaba caña, y a veces
llegaba a casa y no podía ni lavar los platos, estaba con las manos
lastimadas, llenas de callos.

Adriano Silva.- El problema es que el administrador exige mucho en el
trabajo. Hay días que uno corta caña y cobra, pero hay días que no
cobra nada. A veces alcanza y a veces no.

Misael.- La situación aquí es perversa, el administrador quiere
disminuir el peso de la caña. Dijo que lo que nosotros cortemos aquí es
lo que tenemos y se acabó. Estamos trabajando como esclavos,
¿entiende? ¡De esta manera no es posible!

Marcos.- El trabajo de la cosecha de la caña es un trabajo esclavo, es
un trabajo difícil. Salimos a las 3:00 de la mañana, llegamos a las
8:00 de la noche. Es bueno solamente para el patrón, porque cada día
que pasa él gana más y el trabajador pierde, disminuyendo la producción,
y queda todo para el patrón.

Un hombre.- A veces dormimos sin bañarnos, no hay agua, nos bañamos en
un arroyito que pasa por ahí abajo.

Un joven.- Aquí no hay leña para cocinar, cada uno, si quiere comer,
tiene que salir a conseguirse leña.

Un hombre.- El almuerzo es lo que uno trae de casa, trae una comida,
come así no más, en ese sol, va tirando para adelante como puede en la vida.

Un joven.- Quien trabaja mucho necesita tener una alimentación
suficiente. Mientras que el dueño de la planta azucarera está en la
regalía, tiene de lo bueno y de lo mejor, nosotros aquí sufriendo.

Una mujer.- Pasé mucha hambre. Fui a dormir muchas noches con hambre,
a veces no tenía nada para comer, ni para darle a mi hija; algunas
veces yo buscaba sal, que era lo más fácil de encontrar.

Egidio Pereira.- La persona tiene dos o tres hijos, y si no se cuida,
se muere de hambre; no alcanza para vivir.

Ivete Cavalcante.- Aquí no existe sueldo, hay que limpiar una tonelada
de caña por ocho reales; se gana lo que se logra cortar: si se corta
una tonelada, se gana ocho reales, no hay sueldo fijo.

Una mujer.- ¿Sueldo? Yo no sé nada de eso. **

Reginaldo Souza.- A veces ellos pagan en dinero. En esta época ellos
están pagando en dinero; ahora, en el invierno pagan todo con vale.

Una mujer.- El vale, uno trabaja, él anota todo en un papel, se lo
pasa a la persona para que compre en el mercado. La persona no ve el
dinero que gana.

José Luiz.- El administrador hace lo que quiere con las personas. Lo
que está ocurriendo es que llamé para "sacar la media" de la caña, no
quiso. Es decir: en este caso, él está obligando a la persona a
trabajar a la fuerza. De esta manera la persona trabaja gratis para la
empresa.

Clovis da Silva.- ¡Eso nos mata! Uno se pasa medio día cortando caña,
piensa que va a conseguir algún dinero, y cuando él va a medir, nos
enteramos de que el trabajo no valió nada.

Natanael.- El camión de llevar ganado aquí lleva trabajadores, es peor
que con el caballo del dueño; porque cuando el dueño coloca su caballo
en el camión, él le pone agua, le pone aserrín en el piso para que el
caballo no se arruine los cascos, pone pasto, una persona para
acompañarlo; y los trabajadores, que se las arreglen: entró, cerró la
puerta y se acabó. Ellos tratan a los trabajadores como si fueran
animales. El "Pro-Álcool" no ayuda a los trabajadores, solamente ayuda
a los proveedores de caña, ayuda a los patrones y los enriquece cada vez
más; porque si generara empleo para los trabajadores, para nosotros
sería fundamental, pero no genera empleos.

José Loureno.- Ellos tienen todo ese poder porque en la Cámara,
estadual o federal, tienen un político que representa a esas plantas
azucareras. Hay dueños que son diputados, ministros, parientes de
señores de ingenio, que facilitan esa situación para los dueños y para
los señores de ingenio.

Un hombre.- Nuestra lucha parece que no para nunca. No tenemos
vacaciones, aguinaldo, queda todo perdido. Además, un cuarto de sueldo,
que es obligación, no lo recibimos, es con lo que compramos una ropa a
fin de año y una ropa para los hijos. Ellos no nos entregan nada de
eso, y vemos que la situación se pone cada día más difícil.

Una mujer.- Yo soy trabajadora registrada, y jamás tuve derecho a nada,
ni certificado médico. Cuando quedamos embarazadas, tenemos derecho a
certificado médico, pero yo no tuve ese derecho, garantía de familia;
tampoco tuve aguinaldo, siempre recibía alguna cosita, después no recibí
más.

Un hombre.- Hace unos 12 años que él no paga ni aguinaldo ni vacaciones.

Un hombre.- No puedes enfermarte, trabajas día y noche arriba del
camión, en el corte de la caña, de madrugada. Yo perdí mi salud, yo era
fuerte.

Reinaldo.- Un día yo estaba con unas zapatillas en los pies; cuando di
un golpe de machete para cortar la caña, me dio en el dedo, me cortó,
terminé el trabajo y me vine para casa.

Un joven.- Botas no hay, se trabaja así, muchos trabajan descalzos, no
hay condiciones. Dijeron que la planta azucarera iba a donar botas.
Hace una semana que él se cortó el pie (señala) porque no hay botas.

Un joven.- Yo estaba enfermo, pasé tres días enfermo, no cobré, no me
pagaron nada. Fui al médico, pedí certificado y no me lo dieron.

Un joven.- Hubo un muchacho que llegó de "Macugi". Estaba trabajando,
en medio del trabajo empezó a sentirse muy mal, tuvo que vomitar. El
esfuerzo es grande, el sol es muy caliente y la gente no es de hierro,
el cuerpo del ser humano no resiste.

Valdemar.- Trae muchas enfermedades ese veneno que utilizamos (se
refiere a los herbicidas). Causa varios tipos de enfermedad: cáncer de
piel, en los huesos, va entrando en la sangre y daña la salud. Uno
siente náuseas, llega hasta caerse.

Un hombre.- En el período entre las cosechas prácticamente no hay
trabajo.

Un hombre.- El trabajo que el patrón te manda a hacer se tiene que
hacer; porque ustedes saben, si no lo hacemos... Nosotros no mandamos;
quienes mandan son ellos. Si te dan una tarea, hay que hacerla.

Un hombre.- Estoy aquí esperando que un día pueda tener un pedacito de
tierra para terminar mi vida así en el campo, para que yo pueda llenarme
la barriga y la barriga de mis hijos y de mis nietos, que viven aquí
conmigo.

¿Será que hay algo más?

Fin del documental.

Nadie más agradecido que yo por este testimonio y la presentación de
María Luisa, cuya síntesis acabo de elaborar. Me conducen a los
recuerdos de los primeros años de mi vida, una edad en que los seres
humanos suelen ser sumamente activos.

Nací en un latifundio cañero, de propiedad privada, rodeado al norte, el
este y el oeste por grandes extensiones de tierra propiedad de tres
transnacionales norteamericanas que, en conjunto, poseían más de 250 mil
hectáreas de tierra. El corte era manual, en caña verde, no se usaban
entonces herbicidas, ni siquiera fertilizantes. Una plantación podía
durar más de 15 años. La mano de obra era tan barata que las
transnacionales ganaban mucho dinero.

El propietario de la finca cañera en que nací era un inmigrante de
origen gallego y familia campesina pobre, prácticamente analfabeto, a
quien primero trajeron como soldado en lugar de un rico que pagó por
eludir el servicio militar y al final de la guerra lo repatriaron a
Galicia. Volvió a Cuba por su cuenta, como lo hizo un incontable número
de gallegos que viajó hacia países de América Latina. Trabajó como peón
de una importante transnacional, la United Fruit Company. Tenía
cualidades como organizador, reclutó un número elevado de jornaleros
como él, se hizo contratista y compró finalmente tierras en la zona
colindante al sur de la gran empresa norteamericana con la plusvalía
acumulada. La población cubana en la región oriental, de tradición
independentista, había crecido notablemente y carecía de tierra; pero
el peso principal de la agricultura oriental, a principios del pasado
siglo, caía sobre esclavos liberados pocos años antes o descendientes de
los antiguos esclavos y sobre los inmigrantes procedentes de Haití. Los
haitianos no tenían familia. Vivían solos en sus míseras viviendas de
guano y tablas de palma, agrupados en caseríos, con la presencia de solo
dos o tres mujeres entre ellos. Durante los breves meses de zafra se
abrían las lides de gallos. Allí jugaban los haitianos sus míseros
ingresos, y el resto lo utilizaban para la compra de alimentos, que
pasaban por muchos intermediarios y eran caros.

El propietario de origen gallego vivía allí, en la finca cañera. Salía
solo a recorrer las plantaciones y hablaba con todo el que lo solicitaba
o deseaba algo. Muchas veces accedía a las solicitudes, por razones más
humanitarias que económicas. Podía tomar decisiones.

Los administradores de las plantaciones de la United Fruit Company eran
norteamericanos cuidadosamente seleccionados y bien remunerados. Vivían
con sus familias en regias mansiones, en lugares escogidos. Eran como
dioses distantes, que los hambrientos trabajadores mencionaban con
respeto. No se les veía nunca en los cortes, donde actuaban los
subordinados suyos. Los dueños de las acciones de las grandes
transnacionales vivían en Estados Unidos o en cualquier parte del mundo.
Los gastos de las plantaciones estaban presupuestados y nadie podía
elevarlos un centavo.

Conozco muy bien la familia del segundo matrimonio del inmigrante de
origen gallego con una joven campesina cubana muy pobre que, como él, no
pudo asistir a una escuela. Era muy abnegada y sumamente consagrada a la
familia y a las actividades económicas de la plantación.

Los que en el exterior lean estas reflexiones por Internet se
sorprenderán al conocer que ese propietario era mi padre. Soy el tercer
hijo de los siete de ese matrimonio, que nacimos en la habitación de una
casa de campo, muy lejos de cualquier hospital, asistidos por la misma
partera, una campesina dedicada en cuerpo y alma a su tarea, que solo
contaba con sus conocimientos prácticos. Aquellas tierras fueron todas
entregadas al pueblo por la Revolución.

Solo me resta añadir que apoyamos totalmente el decreto de
nacionalización de la patente a una transnacional farmacéutica para la
producción y comercialización en Brasil de un medicamento contra el
SIDA, el Efavirenz, de precio abusivamente alto ?igual que otros
muchos?, así como también la reciente solución mutuamente satisfactoria
del diferendo con Bolivia sobre las dos refinerías de petróleo.

Reitero que sentimos profundo respeto por el hermano pueblo de Brasil.

*Fidel Castro Ruz*

*14 de mayo del 2007*


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